The S.L.P.: Super Long Playing
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Aunque Sergio Lorenzo Pizzorno tenga nombre de secundario de western, su talento atesora el potencial de un Oscar a mejor actor. The S.L.P., su debut en solitario, es uno de los discos más serios a la par que divertidos del año.

Todos conocemos a Sergio Lorenzo Pizzorno. Incluso entre los menos fans, ¿quién no lo ha visto en algún concierto o videoclip de Kasabian? El guitarrista de la banda de Leicester es la segunda cara más conocida de la formación tras la de Tom Meighan, el vocalista. Sin embargo, los seguidores de la banda saben que el chico moreno y zancudo es el cerebro de la formación, el creador. De esos ricos lodos nace The S.L.P., su primer proyecto en solitario, su primera gran batalla ganada sin Meighan.

The S.L.P. saca a relucir, sin pudor, muchas de las influencias y sonidos que Kasabian ha ido pintando a lo largo de los años por aquí y por allá. El álbum, en tan solo once canciones, transita entre caminos que van del hip hop a la new wave, pasando por otros que recorren el funk, la psicodelia y el house. El tipo que sembró verdes praderas con “La Fee Verte” para después verlas en llamas con la mítica “Fire“, ha vuelto a hacerlo: The S.L.P. es gasolina para la imaginación. El LP es la prueba de su libertad, pero también una invitación a que tú disfrutes de la tuya, aunque sea tan solo por treinta y ocho minutos. Desde luego, no es poca cosa.

El álbum se abre con “Meanwhile… In Genova“, una intro instrumental y misteriosa, que sumerge al oyente en una escena de suspense digna de la mejor saga de Hollywood. Épica y tensa, la apertura soñada por cualquiera. El relevo lo toma “Lockdown” una canción de espíritu funk y ritmo lento que saca a relucir las habilidades vocales de Pizzorno. En tercer, lugar emerge (¿o quizá sería mejor despega?) “((trance))“, un verdadero pepino, un corte de pop electrónico que se vuelve adictivo con el paso de los segundos. El tema, que se va quemando lentamente, va apilando capas hasta hacerse la reina de la pista: «Brake lights they / Blind like the sun / Here goes / Driving to meet you into the night». La cuarta posición es para “The Wu“, que hace pareja con “Soldiers 00018“. Ambas canciones son diferentes, pero las dos nacen de un tronco común –el hip hop– y tienen un gran trabajo tras ellas. Este díptico es el más complejo de The S.L.P. por su recargada apariencia sonora y por su estridente composición. “The Wu” es un homenaje a Wu Tang Clan, una cargada infusión de rap, funk y psicodelia que no deja ni un segundo para la relajación; mientras que “Soldiers 00018“, donde aparece slowthai, parece un guiño a la mítica “Vlad the Impaler“, oscura pero burbujeante. El disco queda dividido por “Meanwhile… At the Welcome Break“, un corte extraño y melancólico que explora un abismo submarino en el que reposa una orquesta de metales y cuerdas.

Nobody Else” estrena oficialmente la cara B. Qué decir de uno de los singles más obvios del álbum. “Nobody Else” es una canción de verano –que se ande con ojo Calvin Harris– que hace cabalgar a un piano jazz sobre una base house, y que tiene una letra más profunda de lo que la melodía hace indicar. Bajo su tono festivo se esconde una crítica al modo de vida occidental: «All my life been running / Running away from something / Running away from everyone / Running away from nothing». La receta para salir del bucle la encuentra Pizzorno en el amor, ingrediente imprescindible de la felicidad: «Just want you with me / Just want you to remember». Una canción perfecta. Sin tiempo para el respiro llega “Favourites“, corte en el que Pizzorno colabora con Little Simz. “Favourites” es una oda la experimentación, una pista festiva que contiene al menos cinco temas dentro de ella. Bien remendada a través de una producción exquisita, alcanza su culmen con el contraste de voces entre el protagonista del álbum y Little Simz. Encarando ya el final de la obra, The S.L.P. sorprende con “Kvng Fv“, todo un objeto extraño a estas alturas (un out of context de manual). Analógica y serena, digna de lo último de Vampire Weekend, trae la mesura necesaria antes de que la aventura llegue al final. Sin embargo, no estamos más que ante el típico truco de la montaña rusa, porque “The Youngest Gary” es una auténtica atracción de feria. El que fuera single de adelanto, gira y gira de forma caótica, desorientando a los incautos y saciando a los pocos sedientos que queden. House, funk y psicodelia se unen en ella para firmar otro gran número. “Meanwhile… In the Silent Nowhere” cierra The S.L.P. haciendo otro mashup que oscila entre unas bases hip hop, una interpretación vocal llegada desde los lejanos años setenta y una progresión musera que lleva al oyente de vuelta al inicio.

Down we go
I can see us crumbling
I just keep on wondering
Ti amo ti amo

The S.L.P. es un debut soñado, al igual que lo fue Kasabian. Nos encontramos ante un álbum experimental e innovador que, por raro que suene, no termina de alejarse de la onda comercial. La arriesgada mezcolanza le ha salido bien a Sergio Lorenzo Pizzorno, que ha publicado un disco de autor, como de autor fue su Leicester campeón, el de Claudio Ranieri. Hay vida más allá de Kasabian y de los grandes, este The S.L.P. es un Super Long Playing.

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