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Tame Impala – The Slow Rush

Volvió Kevin Parker. El hombre tras Tame Impala regresó el 14 de febrero con The Slow Rush, su cuarto álbum de estudio. The Slow Rush es un álbum continuista que retoma el camino allí donde lo dejó Currents. Con un sonido discotequero y espacial, alejadísimo ya del rock de los inicios, Parker sigue la senda que él mismo se trazó y que ha dado muestras de seguir a rajatabla a lo largo de estos cincos años.

The Slow Rush es, sin lugar a dudas, el LP que más reposa sobre sus canciones de entre todos los publicados por Tame Impala. Parker ha sorprendido esquivando esas pistas de transición que engranaban un tema con otro para edificar un bosque de temas que se alza imponente ante el oyente. Buscando la inmediatez o quién sabe si la gloria definitiva, el australiano ha patinado. Si bien el disco tiene tintes conceptuales, cuando uno termina de escucharlo siente que carece de alma. Los hits no son indispensables para hacer un disco una maravilla, pero ayudan mucho. El resultado final termina por ser un conjunto deslavazado de buenas canciones que nunca termina de romper. En definitiva, la inexistencia de un hilo argumental y de momentos memorables hacen que The Slow Rush esté por lo menos un dos o tres puntos por debajo de lo esperado.

Es aquí donde hay que destacar el infinito talento de Kevin Parker, un tipo cuyo peor disco es un notable bajo. El mesías es humano, sí, pero uno de los humanos más talentosos de las dos últimas décadas. Dejo esto por escrito para que nadie diga que soy un odiador de Tame Impala. Es verdad que Currents no me llenó, sin embargo, reconozco que fue por una simple cuestión de gustos, porque pocas pegas se le pueden sacar al tercer disco del de Perth. Ahora, por el contrario, siento que no estoy solo, que hay un buen número de personas que echan de menos que haya aquí canciones como “The Less I Know the Better” o “Elephant” y que echan de más el enfoque lineal que presenta The Slow Rush. Un par de quiebros aquí, unas letras algo más profundas, alguna transición para empalmar una rave con otra… Características que diferencian a un buen álbum de uno maravilloso.

El tiempo es la gran constante de The Slow Rush: “Lost In Yesterday”, “Tomorrow’s Dust” y “One More Year” dejan entrever que Parker ha madurado. La línea vital, antaño infinita, ahora se ve de otra manera y hace que la concepción del ahora sea totalmente diferente. “One More Year” abre el telón del álbum con los sentimientos de este despertar plasmados en ella. Parker admite que «I never wanted any other way to spend our lives / I know we promised we’d be doing this ‘til we die / And now I fear we might». Cuando canta, se le nota cierta ansiedad, la del que pide una prórroga para seguir siendo feliz mientras los demonios merodean su morada. “One More Year” es una buena introducción. Sin embargo, el problema de The Slow Rush es que lucha por expandir esta idea sin ofrecer nada nuevo ni interesante. Se abordan esas sensaciones, pero no se profundiza del todo en ellas, no ofrece nada único, no hay proposiciones frescas. Cuando escuchas de una tacada la apertura, “Instant Destiny” e incluso “Borderline“, sientes que no hay ni picos ni valles, que no hay una idea original que termine por trascender. Pese a los pegajosos ritmos y a los adictivos sintes, todo se vuelve plano a las pocas escuchas. Suenan a la banda sonora de la vida de su creador, no a creación principal. Los aires R&B y disco del segundo corte, armonioso y tenso, así como el bajo y los juegos cromáticos del single “Borderline”, quedan eclipsados por su autor.

Hay excepciones que sí que van un paso más allá, sobreviviendo al paso del tiempo y de las escuchas. “Posthumous Forgiveness” presenta un ansioso riff de estilo funky que encajaría en “Redbone” de Childish Gambino mientras Parker nos descubre el resentimiento que lleva dentro por su difunto padre, del que estuvo alejado durante gran parte de su vida, lamentándose: «Did you think I’d never know? Never wise up as I grow? Did you hope I’d never doubt? Never one day work it out?». Los sintes, que hacen las veces de percusión, conducen hacia el clímax en la primera parte del tema, a la que sigue una segunda mitad melancólica que abre la puerta a la esperanza: «You didn’t know that I suffered / What a thing to discover». La canción se cierra con el deseo de haber tenido un padre: «Wanna tell you ‘bout the time / Wanna tell you ‘bout my life / Wanna tell you ‘bout my life / Wanna play you all my songs / Hear your voice sing along». Esta desnudez de Tame Impala es uno de los mejores momentos del disco y en muchos sentidos un hito en su carrera. Tras el fogonazo, “Breathe Deeper” se queda a medias. Tengo la impresión de que es una canción de las que amas o te dejan planchado. Sin demasiado artificio, con una melodía sencilla y unas letras que se repiten como un mantra, la pista apuntaba a himno pop hasta que se consumió. “Tomorrow’s Dust” rompe con el momento. En un álbum lleno de intensos sintes y de electrónica, la guitarra acústica del tema y el ritmo relativamente crudo de la batería nos hacen volver sobre el pasado. Esta clase de instrumentación le viene bien a Parker, a quien se le entiende mejor en este registro.

La segunda mitad de The Slow Rush la abre “On Track“, otro corte sencillo, aunque ambicioso. Parker busca retomar el camino con una canción grandiosa, no obstante, a estas alturas, tras dos parones, el álbum no transita a la velocidad que uno espera. “Lost in Yesterday” hace sonar el despertador. Nostálgica, con un bajo hermano del de “Borderline” (o sea, muy bueno) y con unos sintes saltarines, el single hace rugir de nuevo la máquina. Tame Impala sabe lo que es el groove y aquí lo maneja como un maestro. La marcha se rompe con “Is It True“. Por si sola sería una buena canción, pero en esta posición rompe la magia. Groovy, con una línea de sinte muy carismática, la canción bota y bota hasta que la posesión se agota. A trompicones, llega “It Might Be Time“, que trae de vuelta al Parker más habilidoso en la composición de melodías. La progresión cromática es genial, y esos momentos a lo Kill Bill le sacan brillo. Junto a “Lost in Yesterday” es de lo poco celebrable de esta cara B. Con “Glimmer” parece llegar una de esas transiciones que he pedido… y no, simplemente sobra. Plana, roma y sin gancho alguno, puede ser una de las peores creaciones firmadas por Tame Impala. El punto y final lo pone “One More Hour“, un corte de siete largos minutos que mejora el sabor de boca porque empeorarlo era imposible. Parker le pone el aliño a una segunda mitad insulsa tratando de volver al feliz pasado mostrando algo de optimismo por el futuro. Fin.

The Slow Rush es un álbum de highlights, de grandes ideas que no terminan de eclosionar. Tiene todos los ingredientes necesarios para alcanzar el éxito, aunque entre unas cosas y otras se queda a medio camino. Esto va a sonar duro, pero hay un problema de composición. La sensación final que deja es de tener demasiado relleno y esto acaba agotando. La otra cara de la moneda es la de la producción, donde Parker roza la perfección por enésima vez, superando incluso sus logros de Currents y demostrando que ha crecido de forma exponencial desde el ya sobresaliente Innerspeaker.  La reflexión final a la que me lleva el álbum es que si se seleccionaran los mejores temas saldría un EP de matrícula, y si le quitaran veinte minutos, un LP de notable alto e incluso sobresaliente. Eso es ficción, claro, porque The Slow Rush es lo que es. Bienvenido al reino de los hombres, Kevin Parker.

6’5

Escucha The Slow Rush de Tame Impala

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