Sparkle Hard, la nueva joya salida de la factoría de Stephen Malkmus

Sparkle Hard, la nueva joya salida de la factoría de Stephen Malkmus
Sparkle Hard, la nueva joya salida de la factoría de Stephen Malkmus
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Stephen Malkmus & the Jicks han publicado un álbum majestuoso, una de esas obras en las que cada pieza encaja milimétricamente, impidiendo que haya fuga de calidad alguna. Sparkle Hard es un disco en el que recrearse todos los días.

Sparkle Hard es uno de esos elepés de cocción lenta que no exasperan al oyente, a cada poco, hay una pequeña explosión sensorial que activa todas las alarmas, una llamarada de placer que terminará por hacerte adicto. Stephen Malkmus, desde que iniciase su carrera en solitario en 1999 tras la disolución de Pavement, viene jugando con los géneros, haciendo eses a lo largo de varios meridianos estilísticos, y ojo, lo hace sin caerse. Aquí consigue crear un espacio difuso, inundado por una agradable brisa que le permite abordar multitud de sonidos, que van desde el rock espacial hasta el country, y que encuentran su apoyo en el pop progresivo y en la neo psicodelia. Estamos ante un álbum diverso cuya constante es la calidez, la sensación de estar viajando y volver cada noche a tu cama, con tu querida almohada. Sparkle Hard, en definitiva, es un hogar por el que vale la pena desdecirse e hipotecarse.

Las claves –cómo no–, se encuentran en un tracklist cuidadosamente seleccionado, que se asemeja a un camino de rosas sin espinas, aunque repleto de curvas. No hay sensación de peligro, pero sí de emoción.  La apertura, ese “Cast Off” que va licuándose por minutos y donde el teclado juega un papel primordial. Comienza sonando como el David Bowie del 71, para acabar explotando a causa de la distorsión. Tras ella aparece el pop de “Future Suite“, que resplandece y brilla, como una pradera húmeda tras un amanecer veraniego. En tercer lugar, “Solid Silk” demuestra la habilidad del autor en la producción, adornando la base con unos preciosos arreglos de cuerda. Después tenemos la durísima “Bike Lane“, que enfrenta las preocupaciones de los liberales («another beautiful bike lane») con letras que honran al fallecido Freddie Gray, quien fue asesinado por la policía de Baltimore en 2015. Y qué decir de “Middle America“, donde Malkmus se presenta de forma directa, casi en primera persona, rasgueando una melodía de tintes folk, viéndose como un hombre que imagina en su patio la vida a su ritmo, buscando el equilibrio entre los problemas del día a día. “Rattler” funciona casi a modo de interludio, con un cambio de tono y de voz fruto de un sorprendente autotune bien usado. El séptimo corte, “Shiggy“, también destaca. Estamos ante una canción de rock que narra una bonita historia sobre la verdad, coronada por un riff delicioso. “Kite” emerge majestuosa con una intro muy propia del pop folk de los sesenta, y va deslizándose suavemente hasta desembocar en una nueva canción, con tintes progresivos y ecos funk, que desemboca en una tormenta solar más rockera. “Brethren“, en menos de tres minutos es capaz de recordar al mítico Wowee Zowee de Pavement, gracias a unas disonancias que son abundantes y que están tan bien calculadas, tanto que acaban sonando naturales. Llegando ya al final, emerge el country rock romántico de “Refute“, donde Malkmus hace un dueto junto a Kim Gordon para narrarnos una historia de amor. Cierra el álbum la pareja “Difficulties / Let Them Eat Vowels“. En la primera de ellas el músico de Santa Mónica crea una balada con una instrumentación riquísima, que por momento suena a los Queen más estruendosos. Y justo cuando uno se ha acostumbrado a “Difficulties”, todo cambia para apagarse en “Let Them Eat Vowels”, donde el funk hace de nuevo acto de presencia para acabar por todo lo alto este magnífico Sparkle Hard.

El álbum deja un poso que resultará difícil quitarse de encima, sobre todo porque no hay razones para ello. Sparkle Hard es un disco divertido, experimental y asequible, una brillante gema al alcance de todos los bolsillos. No sé si Stephen Malkmus ha hecho bueno eso de «los experimentos, con gaseosa, joven», porque detrás de tanto confort hay un complejo proceso de creación que hubiese sacado de punto a casi cualquier otro músico. No cabe más que volver a darle al play y recrearse con la portada para comprobarlo.


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