Shame se confirma con un brutal Drunk Tank Pink

Drunk Tank Pink es un disco para desquitarse del confinamiento perenne. Un álbum en el que Shame explora el mundo desde la imaginación e incita a actuar acorde a la situación: con furia y disfrutando.

Drunk Tank Pink

Shame

Editado por Dead Oceans

Publicado el 15 de enero de 2021

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Algo pasa en torno al Windmill de Brixton. Alrededor de este centro cultural se ha formado una escena que incluye a Shame, su máximo exponente hoy en día, aunque no suene necesariamente suene igual que sus vecinos. Los del sur de Londres se estrenaron con un gran disco titulado Songs of Praise, y ahora le han dado continuidad con Drunk Tank Pink, un LP que eleva el nivel de su predecesor y confirma a Shame como una banda a la que hay que tener en cuenta. No puedes irte al hoyo ni sin escuchar –y si la pandemia lo permite– ni sin ver al quinteto británico.

Shame, subidos a esta ola post punk impulsada por la rabia y ávida de barro, han dejado una perla que brilla sobremanera pese a su oscuridad innata. Drunk Tank Pink se mueve entre el punk y la poesía bebiendo de sonidos que van desde Talking Heads hasta Peter Gabriel sin olvidar los influjos de un britpop que ha está en el ADN de esta nueva generación. Este segundo álbum de Shame es una obra verdadera y libre de cargas, es puro nervio y corazón, expresado a través de la ansiedad y la posterior ira. Al final, tenemos un LP duro pero lleno de arte. ¿Art punk? ¿Post hardcore? ¿Dance Punk? Yo lo simplemente lo catalogaría como diversión.

Se abre Drunk Tank Pink con "Alphabet", cuyas guitarras, afiladísimas, entran en la carne como un cuchillo caliente en la mantequilla. "Nigel Hitter" toma el relevo como single obvio siendo una canción que se queda tatuada en el cerebro, y por qué no, en la piel: «Change the sheets on my bed / I wanna smell fresh linen / Will this day ever end? / I need a new beginning». Su alegre desgana ilustra perfectamente a la juventud. La guinda la pone aquí "Born in Luton", que describe perfectamente las promesas incumplidas por la generación a la que pertenecen nuestros padres: «I’ve been waiting outside for all of my life / And now I’ve got to the door, there’s no one inside».

En cuarto lugar, "March Day" recobra la marcha con ese gracioso toque funk oxigenando Drunk Tank Pink. "Water in the Well" intensifica estas sensaciones bebiendo de la misma marmita surrealista que David Byrne. Cierra la cara A del álbum una de sus canciones más complejas y profundas. "Snow Day" cabalga sobre una sección rítmica nerviosa que no para de zigzaguear bien dirigida por Chalie Forbes y Josh Finerty. Pese a este deambular, la pista tiene un objetivo claro que alcanza progresando y creciendo con tanta facilidad que casi pasa desapercibida su complejidad. La guinda la pone Charlie Steen, atormentado y jodido: «Well I just have to close my eyes / And I can almost taste it / The fresh of air of freedom / I just have to close my eyes».

La segunda mitad de Drunk Tank Pink arranca con "Human, for a Minute", un viaje patrocinado por un buen chute de heroína que se parece mucho al amor. De cocción lenta, la canción evoca a Joy Division en su profundidad y parsimonia, aunque añade unos elegantísimos toques góticos. Con gracia, Shame introducen en octavo lugar "Great Dog", una alegría propia de The Stooges que rompe con la bajona de las anteriores pistas. No es la mejor canción del álbum, sino más bien un tema de paso que ayuda a engrasar la marcha. "6/1", en este sentido, ensancha a su predecesora recorriendo la misma vía con miras más amplias. Shame demuestran su capacidad para controlar el descontrol haciéndose con el espacio y el tiempo pese a la urgencia de sus letras y sonido.

El ocaso del disco comienza a atisbarse con "Harsh Degrees". A pesar de que mantiene el espíritu de sus predecesoras, aquí existe una tensión mayor, unas sombras proyectadas por nubes de lluvia que acaban descargando al romperse el hilo. "Station Wagon" se introduce en el mundo subterráneo de Wire desde la perspectiva de Shame. Hay aquí algo también de los TOY más tenebrosos, esos que explotaban entre sintes para que el público hiciese retumbar la pista. Espaciosa y agitada, "Station Wagon" es una balada bailable, una pieza progresiva que acaba en una inmensa erupción, la cual abre la puerta a la ansiada calma.

And like Atlas
I shall carry the weight
Of the sky on my shoulders
And if you listen closely
Then you'll hear
The bones crack and
The muscles stretch

Drunk Tank Pink es la confirmación de Shame, un disco que los pone definitivamente en el primer plano. El tiempo dirá si Drunk Tank Pink es un álbum generacional, si es que estos siguen existiendo en la era del consumo masivo e inmediato, en la edad de las modas pasajeras. Su espíritu es en parte contrario a esto, al fin y al cabo, estamos aquí y así, porque nacimos en una sociedad así constituida. No parece que la Escena de Brixton vaya a alumbrar una revolución, pero qué menos que incitarla y ya si eso que Dios Salve a la Reina.