Rufus T. Firefly se eleva con Magnolia, un ópalo de mil caras
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Rufus T. Firefly ha publicado Magnolia, su nuevo elepé, tras casi tres años de silencio discográfico. Magnolia es una de esas aventuras sonoras que aportan algo al oyente.

Temía enfrentarme a Magnolia de Rufus T. Firefly al igual que uno teme ir al cine a ver una película basada en su libro favorito. Admito que tenía dudas, que si bien no esperaba un mal disco, tampoco preveía una maravilla. La psicodelia es difícil, y me atrevo a decir que el castellano la hace todavía más compleja. Pero no, Rufus T. Firefly lo ha clavado, no sé si para un diez (posiblemente), pero desde luego merecen el sobresaliente. Magnolia es una flor infinita, un ópalo con un brillo hipnótico, una joya musical.

La ambición de los Rufus podía jugar en su contra, y no lo ha hecho, más bien ha ocurrido al revés. La banda ha publicado su mejor álbum hasta la fecha -que ya es decir-, y su estatus -si los que manejan los billetes son justos-, debería estar, por fin, a la altura de los más grandes. Magnolia es una obra de aspecto frágil pero con una solidez a prueba de bombas, un tremendo disco de pop perfectamente adornado por los requiebros que proporciona la lisergia. Hay un trasfondo que desprende una simpleza que asusta, porque el mensaje de Rufus T. Firefly llega alto y claro, algo que quizás no encaje con la psicodelia, pero ahí está uno de los puntos fuertes de Magnolia. Las letras, tan personales como universales, son un chute de realidad, un chute que llega a través de una nebulosa calculada al milímetro. La banda ha sido capaz de crear un universo sonoro en el que no queda nada al azar, un falso caos en el que el oyente no sabe qué esperar, y en el que ellos saben qué van a dar. El resultado no es otro que una tormenta perfecta, una lluvia de sentimientos y sensaciones.

Me resulta muy difícil desgranar las influencias de Magnolia, es un elepé muy personal en ese sentido. No es que Rufus T. Firefly esté reinventando el género, pero hay una sencillez y una calma que son una marca propia. Por supuesto que pueden llegar –tiene que ser así- ecos de Tame Impala (¿es posible hacer una reseña sin citar a Kevin Parker?), pero también hay mucho de un género, el synth pop de tintes ochenteros, que aquí se hace especialmente expansivo. Las referencias más obvias nos llegan desde el cine y las series, con referencias a “Pulp Fiction“, “Star Wars“, “Cisne Negro“, “Psicosis“, “Juego de Tronos” o a “Mi Vecino Totoro“. Posiblemente, esta unión entre el cine y la música sea una de las cimas artísticas de Magnolia, una especie de sinestesia que traslada imágenes y frases a lo estrictamente sonoro.

¿Cuáles son las claves sonoras de esta preciosa Magnolia? Una de ella son los tempos de las canciones, estamos ante un álbum que forma una montaña rusa tal que así:

Magnolia BPM
Gráfico friki de los beats per minute de Magnolia.

El álbum comienza fulgurante, para después alcanzar un valle y acaba sometiéndote a un sube y baja que finaliza con la tranquilizante “Magnolia“.

Por otro lado hay que irse a los intérpretes, cómo no. ¿Qué decir de Víctor Cabezuelo, Julia Martín-Maestro, Carlos Campos, Miguel de Lucas y Rodrigo Cominero? Pues que a este gran conjunto se les suman Manuel Cabezalí (Havalina) Martí Perarnau IV (Mucho), que le dan un toque muy especial a las guitarras y sintes, dotando a las canciones de más aristas si cabe. Además, Cabezalí colabora en la producción junto a Cabezuelo, y Perarnau también se encarga de las programaciones, punto en el que quizás más se acerquen los de Aranjuez a Tame Impala. Sorprende, por meritorio, que todos estén en la misma línea sin dejar de ser ellos mismos, no hay nada fuera de lugar en todo Magnolia y eso habla muy bien no solo de ellos como meros ejecutores, sino como cabezas pensantes.

El último punto de este Magnolia que hay que citar sí o sí, son sus letras. No esperaba un álbum de alto contenido ácido de letras tan bien hechas. La psicodelia se presta al despiporre, pero Rufus no han querido rebajarse ni un ápice, respetando la totalidad de ingredientes del disco y buscando la excelencia por simple aplastamiento. Desde “Tsukamori” surgen versos  tatuables como «Que pueda oír tu voz y recordar / Que pueda oír tu voz y recordar / Que el bosque muerto despierte / Que el bosque muerto despierte», para continuar en “Río Wolf” (homenaje a Jeff Buckley) «Tengo el poder del fracaso / Kilómetros de derrotas / Voy a saltar en pedazos / Para llover en tus aguas». Bebiendo de Tarantino en “Pulp Fiction” «Estoy a mil jodidas millas de estar bien» o invocando a genios musicales como se puede oír en “Nebulosa Jade” «Eres la guitarra que llora de Harrison / La psicodelia de Pink Floyd / Eres la pegada de John Bonham / Eres la voz de Thom Yorke». Al final tenemos unas letras que contrastan con las melodías, pero que encajan con suavidad. La melancolía, las descripciones de la naturaleza (en forma de paisaje o de acontecimientos), los homenajes a artistas ya caídos… Rufus T. Firefly mantienen su marca personal en este apartado, alcanzando un punto -si cabe- más alto en lo cualitativo. Por decirlo rudamente -y que me perdonen los lectores-, las típicas y a veces complejas letras del indie español se acoplan a un sonido mucho más rico del que suele desprender la música de este país.

Pese a que esta no es esta la típica reseña canción a canción porque Magnolia es más que eso, hay que reconocer que cada corte tiene su atractivo: tanto las citadas por aquí, como las que no. Por eso considero que sería injusto no citar todos los temas, así que bueno, no puedes saltarte ninguno: porque “Espectro” es dream pop de muchos quilates; porque “Cisne Negro” y “··O··” tienen unas programaciones espectaculares; porque “Última Noche En La Tierra” es pop espacial y minimalista (moog moog); porque “Halcón Milenario” tiene unas guitarras de locura; y porque “Magnolia” es un cierre perfecto que dura nada más y nada menos que ocho minutos y cinco segundos, un final típico y épico para un álbum de psicodelia.

Rufus T. Firefly ha vuelto a reinventarse, demostrando un talento que se antoja casi sin igual dentro de la escena musical española. Magnolia va a ser uno de los álbumes del año y uno de los discos más recordados de la discografía de los madrileños, que han salido del envite por la puerta grande. Tirando de tópicos, estamos ante un trabajo redondo, de esos que no flaquean y que ganan con las escuchas. Coge un papel en blanco, un lápiz, cierra los ojos y disfruta de esta experiencia extrasensorial.

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José Domínguez

Fundador, como el brandy.
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