Shyga! the Sunlight Mound, la psicodelia según Psychedelic Porn Crumpets

Psychedelic Porn Crumpets subliman la psicodelia con Shyga! the Sunlight Mound, un álbum maravilloso apto para todos los públicos. ¡Dios salve a la psicodelia!

Shyga! the Sunlight Mound

Psychedelic Porn Crumpets

Editado por What Reality? Records

Publicado el 5 de febrero de 2021

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Psychedelic Porn Crumpets han entrado en 2021 por todo lo alto. La banda australiana ha publicado Shyga! the Sunlight Mound, su cuarto álbum de estudio, un disco que acerca la nueva psicodelia al gran público introduciendo elementos conocidos por todos los públicos. Subidos a la ola de psicodelia australiana que alcanzó una altura notable con Tame Impala, los de Perth beben de los efluvios de King Gizzard & the Lizard Wizard y de Pond, para acabar facturando un LP profundo y liviano que deja poso en el que se enfrenta a él.

Es injusto citar a otras bandas para definir a Psychedelic Porn Crumpets, porque el cuarteto liderado por Jack McEwan tiene un estilo propio que hunde sus raíces en la potente personalidad del cantante y guitarrista. Sus canciones parten de situaciones con las que puede identificarse cualquier joven (o cualquiera que haya sido joven), sin embargo, el grupo es capaz de llevarlas al no tan absurdo mundo de la psicodelia. ¿Qué sería de nuestra vida sin los sueños, buenos o malos?

A esta habilidad compositiva en las letras, se le unen unas canciones de estructuras sencillas, pero cargadas de recursos estéticos que hacen que los temas tengan una sustancia propia de producciones de bandas que se dan más importancia de la que tienen. Al fin y al cabo, todos hacen lo mismo: pop. Psychedelic Porn Crumpets lo saben y lo lucen con clase e inteligencia convirtiéndose en auténticos modelos de la pasarela multicolor.

Shyga! the Sunlight Mound no tiene ningún punto débil, ni sobran ni faltan canciones. Desde su apertura hasta su cierre, las canciones se suceden con total naturalidad jugando con las intensidades, creando picos y valles que sumergen al oyente en un mundo irrealmente real. El disco hace que cuarenta minutos pasen a ser la nada, un túnel que arrebata el sentido trascendiendo tiempo y el espacio. Shyga! the Sunlight Mound es un trampantojo tan pop como la obra de Kevin Parker y tan rock como las ocurrencias de Stu Mackenzie.

El LP emerge desde la profundidades a la velocidad del rayo con "Big Dijon", una introducción perfecta, un demente aperitivo digno de Alice in Wonderlands. Tras ella, sin dar respiro, "Tally-Ho" golpea con toda la fuerza del agrandao cuarteto de Perth, que suena aquí a los mejores The Flaming Lips y The Lennon Claypool Delirium. Costumbristas y disparatados, tan reales como un sueño y tan falsos como la vida. La banda termina por hacerse con el control de la escena con el ritmo asesino de "Sawtooth Monkfish", que lleva a los Psychedelic Porn Crumpets un poco más allá.

En cuarta posición aparece "Tripolasaur", otra gema mutante, otro ejemplo de lo que es Shyga! the Sunlight Mound. La canción, que no fue single porque el grupo simplemente no quiso, expone perfectamente la lógica compositiva de McEwan, capaz de plasmar conceptos redondos a la vez que deja entrever otros igualmente brillantes en la misma canción, solo que no cabe. La guitarra de Lance Parish y la batería de Danny Caddy son pura euforia. La que sí que fue single fue "Mr. Prism", un corte de droga dura que arranca con un boogie que se desmadra y acaba progresando hacia estados beatlescos y orientales. Para redondear, los Psychedelic Porn Crumpets, para redondearla, terminan por volver siempre sobre un estribillo glam no apto para intolerantes al fuzz.

Se acerca el cierre de la cara A de Shyga! the Sunlight Mound con "The Terrors" otra pista que pudo escucharse con adelanto y que enseña el lado más oscuro de los australianos. La canción es una montaña rusa de emociones que sube como Ícaro para después desplomarse y caer en el infinito de la muerte. "The Terrors" es ansiedad y es oscuridad, pero también, entre sus recovecos, hay haces de luz que permiten mantener una cierta esperanza. El disco continúa con tres canciones que forman una unidad sonora y estilística (siempre teniendo en cuenta el núcleo cambiante de la obra).

"Hats Off to the Green Bins", "Glitter Bug" y "More Glitter" forman una trinidad que a alguno le parecerá repetitiva y a otros a fantasía ácida. En ella se intuyen a The Beatles del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band en la mezcla de guitarras melódicas acústicas y eléctricas que brillan en la nebulosa auditiva del viaje. Quizás sea esta fase del disco la que aleje a Shyga! the Sunlight Mound de la matrícula de honor, sin embargo, como todo en la vida, es revisable y aquí la originalidad reside en el cambio de fase sin mayor sobresalto que el de darle la vuelta al vinilo. Además, "Glitter Bug" es la canción más potente del trío, algo que le otorga brillo y brío al comienzo de la cara B del LP.

"Pukebox" hace que Shyga! the Sunlight Mound salga del bucle pero no de la vía. De hecho, "Pukebox" es el pilar sobre el que el álbum se sostiene. Introspectiva y bipolar, la pista se sostiene sobre un sólido groove barnizado por un fuzz agitador. La instrumentación es una de las mejores del disco y, en ella, vuelve a destacar el ritmo que impone Caddy, los riffs de Parish y sobre todo el bajo de un Luke Reynolds que te agarrará por la mano y te invitará a disfrutar de una experiencia inmersiva en el mundo ideado por McEwan. Encarando el final llega "Mundungus", otro single, otro momento de éxtasis. Explosiva, descarada, hiperactiva, oscura y rockera, "Mundungus" es una sucesión de timbales, guitarras salvajes y voces desgarradores. En resumen, una oda a la hiperactividad, al desenfreno y a la locura. La canción cuenta con el sello de aprobación Wavves y King Gizzard and the Lizard Wizard, ¿qué más quieres?

Con el dorsal número 12 en la espalda, "Mango Terrarium" trae a colación de nuevo el talento de McEwan para hacer melodías brillantes de inspiración hippie. Tras la tormenta, este corte pone la calma de propia del mundo del pop sin perder el sabor que hace tan adictivo a Shyga! the Sunlight Mound ni la potencia del galope. "Round The Corner" afloja por fin la soga y sus vacíos permiten que el oyente se concentre en unos riffs que derriten el cerebro. La guinda la pone "The Tale of Gurney Gridman", otra canción que expone lo disoluta que es la mente de McEwan a veces, sin que ello le impida concentrarse en un concepto concreto y explotarlo haciéndolo atractivo. Vertiginosa y variada, trae la deseada calma en su segmento final provocando un extraño placer.

Shyga! the Sunlight Mound es un álbum de esos que los anglosajones calificarían como masivo, pero que en español queda mejor descrito como complejo y gigantesco. Lleno de curvas y de cambios de ritmo, plagado de trucos y fuegos artificiales, el cuarto álbum de Psychedelic Porn Crumpets es un placer para los fans de su género y un caramelo para los melómanos en general. Complejamente sencillo, en él se percibe un crisol de sonidos que no son más que representaciones de la esencia de uno, el de la psicodelia misma.