IDLES y la revolución: Joy as an Act of Resistance

IDLES y la revolución: Joy as an Act of Resistance
IDLES y la revolución: Joy as an Act of Resistance
5 (100%) 92 votes

Joy as an Act of Resistance es uno de los álbumes de 2018 y quién sabe si de la década. IDLES han capturado en su segundo trabajo el espíritu de la revolución, tanto la personal como la universal.

IDLES ya habían demostrado su calidad en Brutalism (2017), sin embargo, con este nuevo disco, han conseguido llevar el concepto de su música un poco más allá, combinando la ferocidad y la furia con melodías que bien podrían corear en un estadio decenas de miles de personas.

Este punto es sin lugar a duda la clave de Joy as an Act of Resistance, la presencia de “Danny Nedelko” y “Great”, singles punzantes tanto por su contenido como por su continente, canciones atemporales de temáticas universales, pero a la vez perfectamente enmarcadas en el aquí y el ahora. Estos temas, combinados con otros que miran hacia el interior como “June” o “Colossus“, crean una tormenta perfecta. Si no quedas infectado por su mezcla de punk y post-hardcore es que no tienes alma.

 

Abre Joy as an Act of Resistance el tema “Colossus”, una canción larga, que supera sobradamente los cinco minutos, y que, pese a ello, va a ser una especie de resumen de lo que IDLES van a ofrecer en los treinta y siete minutos siguientes. “Colossus” es una megaconstrucción que de primeras puede parecer lenta, pero que finalmente acaba explotando para transformarse en algo totalmente diferente. Un inicio arrasador. El relevo lo toma la genial “Never Fight a Man With a Perm”, que a base de rimas fáciles a la par que hilarantes, critica al macho de ciudad, habitual consumidor de alcohol (y sustancias aún peores) con líneas como: «Me oh me oh my, Roy / You look like a walking thyroid» o «A Topshop tyrant / Even your haircut’s violent». Para “I’m Scum” uno ya es consciente de que está ante un álbum plagado de himnos, y de que un título de canción potente no puede ser desaprovechado. Bajo una base de rockabilly, IDLES aprovechan el tema para ajusticiar a la izquierda en la que ellos se incluyen. Nada como aceptar que somos escoria y que estamos podridos por dentro para así poder empezar a cambiar algo. Y si no es así, si decidimos dejar la revolución para mañana, al menos podremos vivir con algo más de paz interior. En cuarto lugar se aparece, fulgurante, “Danny Nedelko”. «My blood brother is an immigrant / A beautiful immigrant» proclama triunfante Joe Talbot, consciente de que ha creado un himno. “Danny Nedelko” consigue acercar un tema que en ocasiones puede parecernos lejano, y lo logra personalizando la inmigración en diferentes personalidades concretas y conocidas por todo el mundo. Si a eso le añadimos que es un coro que podría cantarse en cualquier recinto deportivo, como un gigantesco estadio de fútbol, tenemos una joya atemporal. Alegre y punzante, “Danny Nedelko” es el nuevo hito del punk británico.

Fear leads to panic, panic leads to pain
Pain leads to anger, anger leads to hate

 

El segundo tercio del LP comienza con “Love Song”, una canción muy ácida que critica y glorifica el amor moderno. A nivel sonoro, sus guitarras destacan sobremanera, explorando terrenos más garajeros y psicodélicos. “June” cierra la cara A a la par que alcanza una nueva cima en este Joy as an Act of Resistance. Más lenta, más dolorosa, Talbot le canta a su hija fallecida al nacer usando como base un poema atribuido a Ernest Hemingway: «Baby’s shoes. For sale. Never worn». Desgarradora, “June” muestra la cara más personal de IDLES, sacando a la luz una reflexión que se hizo eterna (y que será eterna) y una fase de curación de la que no todo el mundo sale. «Pretend / Amend, amend, amend / Amen, amen, amen, amen». Con el nivel de intensidad en todo lo alto, IDLES aprovechan para meter “Samaritans”, otra canción cruda e introspectiva, aunque menos que su predecesora. Con un ritmo más alto y con un lenguaje más directo, “Samaritans” habla sobre la masculinidad y su toxicidad, algo que retratan perfectamente en una frase demoledora: «This is why you never see your father cry». El uso de una máscara por parte de muchas personas (la masculinidad no solo se ciñe al hombre), es un acto dañino, y viniendo de “June”, no cuesta atar cabos y ver aquí un nuevo y necesario desahogo. El final de esta fase del LP lo marca “Television” con su: «If someone talked to you / The way you do to you / I’d put their teeth through / Love yourself». “Television” es una oda al amor propio y un rapapolvo a una sociedad que vive de las apariencias. Por el camino, el instrumental ha abandonado el abismo de los temas anteriores y parece caminar ligero, impulsado por unas guitarras pintonas y adictivas.

 

Atención, porque ahora llega otro de los hits que hacen de Joy as an Act of Resistance un álbum único. “Great” es un himno punk que sale de IDLES con destino al Brexit. Sentencias como «Blighty wants his country back / Fifty-inch screen in his cul-de-sac» o «You can have it all, I don’t mind / Just get ready to work overtime» son demoledoras para todo aquel que piense que con solo abandonar una unión política, los problemas van a solucionarse solos. El estribillo, explosivo, termina por poner en cuestión la grandeza de una (Gran) Bretaña que parece no saber de dónde salió. Ahora, “Gram Rock” tiene la difícil tarea de mantener el nivel de “Great”. De primeras parece un amasijo de letras, no hacen falta muchas escuchas para encontrar en ella una nueva crítica a un mundo que vive del like. Con una melodía chiclosa y que apunta hacia el cercano final del disco, “Gram Rock” es un loco retrato de las apariencias y la falta de sentimientos arraigados «I’m sorry your grandad’s dead / Ah, lovely spread / I scored a win / Badda badda bing / I’m the king», que se ven coronados por una sociedad que premia estos comportamientos superficiales «Ten points to Gryffindor». Sin lugar a dudas una de las canciones más extrañamente atractivas de este trabajo. “Cry to Me”, como “Gram Rock”, no llega a los dos minutos y medio de duración, pero su esencia es diferente. De hecho, esta canción es una versión del clásico de soul de Solomon Burke, que data de 1962, y que The Rolling Stones también grabaron en 1965. IDLES le dan una vuelta haciéndola caótica e industrial, un poco como en ese pseudo rockabilly que es “I’m Scum”. El talento musical de los de Bristol está fuera de toda duda, porque además de llevar la canción a su terreno, logran encajarla dentro del álbum como némesis del sufrimiento interior descrito en “Samaritans”. La necesaria catarsis llega con la furia de un “Rottweiler”. Los IDLES más hardcore gritan «Keep fucking going! Smash it! Destroy the world! Burn your house down!» a los cuatro vientos, provocando un tornado de ruido que acaba en «Unity!».

Cuando se llega al final, uno es consciente de que Joy as an Act of Resistance es una de las mejores experiencias sonoras a las que una persona puede someterse. Pesada y afilada, el arma definitiva de IDLES se alojará en tu cerebro con melodías pegadizas y proclamas facilonas para acabar removiendo tu interior cuando menos los esperes gracias a mensajes de gran carga política y emocional.

Sinceramente, hacía tiempo que no reía y lloraba con un mismo disco. Hacía tiempo que nadie recorría la distancia que separa las temáticas de “Gram Rock” y “June” con tanto tacto y talento, y sin la necesidad de ver consumida mi propia energía. Esto es música, chicos y chicas.


También publicado en Medium.

Cerrar menú