DIIV dominan las tinieblas en Deceiver
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DIIV han publicado uno de los grandes discos de shoegaze del año, si no el mejor. La banda de Zachary Cole Smith ha dominado las tinieblas en un espectacular Deceiver.

Deceiver ha sido un gran paso adelante para DIIV. La banda ha hecho saltar su sonido de década, abandonando los ochenta para sumergir su cabeza en la no menos trepidante década posterior. Su sonido se ha hecho más crudo, pesado y distorsionado que nunca, saliéndose del a veces cómodo camino del dream pop. El álbum, que no llega a los tres cuartos de hora, muestra diez caras distintas en otras tantas canciones. Cada corte es un mundo, un estado de ánimo que se mueve al son de una melodía que cobra más importancia que nunca en su carrera. La dinámica sonora general y la calidad de sus estribillos hacen de Deceiver el mejor disco de DIIV y uno de los candidatos a LP del año.

La mayor influencia en este álbum es la propia evolución vital de Zachary Cole Smith, quien, tras quedarse solo con la marcha de Devin Rubén Pérez, ha sido capaz de salir adelante con la fuerza del que ha visto la muerte. DIIV es ahora una banda que suena más compacta, fuerte y expresiva, y esto no es casualidad. Que Smith haya superado sus adicciones le ha permitido crear un álbum más claro cuyo mensaje es menos difuso que nunca; ciertamente suena desenfocado, sí, pero también punzante. Hay más grano en Deceiver, una mayor riqueza lírica y melódica que amplía su poder magnético. Shoegaze, post punk, pop, grunge e incluso folk se dan la mano para imantar a todo aquel que se acerque a Deceiver. Cabe destacar también el trabajo en la producción de Sonny DiPerri, quien ha sido capaz de sacarle todo el jugo a un disco que es la expresión de un momento único en la vida de su autor. Sus colaboraciones con My Bloody Valentine y Nine Inch Nails avalaban su trayectoria, y en Deceiver ha dejado claro que es un productor único en su género.

Deceiver se abre con “Horsehead“, que ya enseña una de las grandes virtudes del álbum: la comunión entre la voz principal y las guitarras. La espectacular apertura se ve además coronada con una delicada melodía de piano, la cual eleva todavía más la categoría instrumental de la pieza. Continúa Deceiver con “Like Before You Were Born”, que enseña la cara más madura de unos DIIV que exploran la autoconciencia con letras como ese inquietante «I’m an old man / I tell that same old sun / “I get it, I’ve done it, I’m done” / Cars breeze past / Winding through the calm / I guess their lives go on». El tono sombrío se ve remarcado por Andrew Baily, quien con tan solo seis cuerdas tapa toda la luz del sol. El LP continúa por este oscuro sendero con “Skin Game”, que salta a un ruedo donde angustia se palpa, acuciada por mil remolinos existenciales que salen directamente de las –muy reales– pesadillas de Smith, quien se plantea hasta el sentido de su existencia. Dos canciones perfectas para ilustrar las dudas que surgen cuando se llega a la edad adulta. «They gave us wings to fly / But then they took away the sky». En cuarta posición, “Between Tides” suena arrulladora, aunque también incómoda. La dualidad es una de las características más formidables de Deceiver, así como la ordenación de las canciones. Nada es casual. Aquí, con esos riffs finales, ciertamente disonantes y febriles, parecen querer indicar que lo peor está aún por llegar. Y así es, porque en “Taker“, que le pone el punto y seguido al álbum, Smith se enfrenta a sus demonios, los cuales parecen salir de las propias guitarras, amenazantes por su tono y embriagadoras por la repetición de la melodía. Un buen final para la sorprendentemente grunge cara A de Deceiver.

For The Guilty“, como ya ocurriera en “Horsehead”, reincide en la unión entre melodías vocales e instrumentales, sacando a relucir una sensación única en un álbum que tiene un sonido realmente cargado: la de alivio. En este momento es necesario hacer un inciso, ya que tanto en “Taker” como en “For The Guilty” se hace evidente la influencia de DiPerri a través de un sonido que podría encajar perfectamente en el Loveless de My Bloody Valentine. Casi nada al aparato. “The Spark” hace honor a su nombre e inaugura la cara más amable del álbum. Este séptimo corte es uno de los más pops del disco junto al sencillo “Blankenship“, trayendo la redención y la calidez de Deceiver. En octavo lugar, “Lorelei” pone más calma, siendo una de esas pistas que se van quemando lentamente dada su enorme masa. En ella se nota la impronta de bandas de la talla de Deafheaven, banda con la que los de Smith han venido girando. De repente, emerge “Blankenship“, uno de los mejores temas publicados por DIIV. El elegido como single del disco enseña las nuevas armas del grupo, que enseña su habilidad para imponer un ritmo frenético e implacable sobre el que sobrevuelan unas demoledoras guitarras, constituyendo el escenario perfecto para unas letras furiosas que claman por la protección del medioambiente. A estas alturas del disco, el acelerón es refrescante e inteligente, un verdadero subidón con ecos punk. Deceiver echa el telón con “Acheron“, una pista capaz de mantener el nivel de su predecesora: sí, otro clásico instantáneo. Aquí DIIV entran en un estado de catarsis, poniéndole fin a una pesadilla de forma épica. Dios es fuzz.

DIIV ha superado su mayor crisis con sobresaliente, ¿acaso hay otra forma posible? Deceiver es lo más grande que hayan hecho hasta ahora: un álbum introspectivo y expansivo que ensancha y fortalece el alma. Zachary Cole Smith parece haber encontrado su lugar en el mundo, esperemos que este nuevo comienzo de DIIV tenga continuidad. Hacen falta más discos como Deceiver.

Escucha Deceiver completo a continuación:

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José Domínguez

Fundador, como el brandy.
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