Corridor – Junior
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Corridor se han sacado de la nada uno de los mejores discos de rock indie del año. Junior es todo lo que cabe esperar de un género que sigue muy vivo.

Junior es uno de esos álbumes que demuestran que a veces es bueno cambiar de compañías. El salto de Corridor al sello Sub Pop provocó que tuviesen que tener listo su tercer disco en menos de dos meses para que pudiera salir antes de 2020. Lo consiguieron, ¡y de qué manera! La banda ha crecido mucho en este último año, ahora su sonido es más grande, más crudo y más rudimentario, sin que eso repercuta en la finura de su música. Corridor mantienen sus ganchos gracias a unas canciones apretadas que pican a la primera oportunidad, algo que ahora, además, tiene unas consecuencias mayores gracias a esa potencia que han sacado de lo hondo de sus seres. Por poner algo de contexto, basta escuchar Le vogage éternel y Supermercado para saber que lo que han conseguido no es poca cosa.

Uno de los culpables de esto es Dominic Berthiaume, cantante y bajista de Corridor, que ha hecho un trabajo espectacular. El esqueleto de Junior, elástico como el de un infante e inquebrantable como el de un veinteañero, se apoya en sus líneas de bajo, sobre las que después Jonathan Robert y Julian Perreault sueltan sus inquietas guitarras. Qué decir de Marc-André Chapeau, quien se encarga de alimentar la corriente con su alegre cadencia de golpeo. Corridor, en este nuevo disco, son todo lo que una banda de indie rock ha de ser. Junior es un álbum jovial y trepidante que juega con el jamming para crear falsas ilusiones de rutinas que finalmente no lo son. El trabajo queda rematado por la producción de Emmanuel Ethier, quien ha contribuido a que el diamante de la banda brille con fuerza con tan solo seis semanas de trabajo en total.

Junior se abre con “Topographe“, corte en el que las angulosas guitarras se fusionan con la batería para imponer la rítmica a base de martillazos y en el que las voces, lejanas, retumban con la espacial épica del reverb. “Junior“, canción que le da nombre al disco, le recoge el relevo liberando cada instrumento, especialmente a esas guitarras que se transforma en solista para serpentear en torno al imponente bajo. La guinda la pone ese estribillo de ensueño marca de la casa. La pista no es ni más ni menos que un perfecto resumen de la música alternativa de las últimas décadas, eso sí, bajo el particular prisma de los de Montreal. “Domino” remata la faena de un primer tercio de bandera. El riff juguetón y espíritu que parece recién salido del recreo, empiezan a hacer vislumbrar territorios desconocidos. Esas ansias exploratorias y esas trazas de psicodelia, más que comerse un pedacito de Junior, le añaden una porción extra que sabe a fantasía.

Goldie” abre del todo las puertas del patio de recreo. Otra vez, las guitarras y las baterías salen a la superficie para dejar exhausto a un parsimonioso Berthiaume que, a juzgar por su fraseo y por el ochentero bajo, parece haber encontrado en el desván los casetes de A Certain Ratio de su padre, y escuchado el final, quién sabe a qué más. Para cuando llega “Agent Double“, cualquiera diría que Corridor lo han dado todo, pero… no es así, todavía quedaba una gran sorpresa. Haciendo honor a su nombre, el cuarteto pone a las guitarras a jugar entre ellas en una conversación que no necesita de palabras, solo queda disfrutar viendo cómo la canción se abre segundo a segundo. “Microscopie” incide sobre el sonido de su predecesora y sobre las características repeticiones del grupo, que mantiene el tipo con solvencia en este corte de transición. “Grand Cheval” demuestra la solvencia del cuarteto en cualquier registro. Más relajada y tranquila, devuelve el espíritu explorador a unos Corridor a los que los ecos espaciales le sientan de miedo. Tras dos canciones de relativo asueto, Junior vuelve a refulgir.

De repente, en plena calma, se desata una tempestad llamada “Milan“. Que nadie espere un aumento de la velocidad, “Milan” es un gigantesco enredo en el que nada es lo que parece y cuya estructura se alimenta de pura estridencia. En realidad, el acelerón lo pega “Pow” (el título no puede ser más acertado), en las que las distorsiones no ocultan del todo las bases del corte previo, ni el espíritu del cheval que galopa a ritmo de New Order. Enorme el trabajo de Chapeau, y ojo con esos arreglos en espiral que dominan la escena sin casi aparecer. Estamos ante un magnífico corte de pop, probablemente el mejor que hayan firmado los de la región de Quebec. La baraja de Junior la echan Corridor con ecos de The Beatles. “Bang” es una canción que bien podría asignarle uno a los de Liverpool dada su elegancia y solvencia. La pista, que no deja de expandirse como si de la sucesión de fibonacci se tratara, es el colofón perfecto para un LP de escándalo. Oro puro.

Junior, en poco menos cuarenta minutos repartidos entre diez canciones, alcanza muchos hitos, aunque dos de ellos me agradan sobremanera. El primero, y quizás el más evidente, es el de superar la barrera idiomática; el segundo, el de evocar la felicidad de la infancia y la locura de la adolescencia sin necesidad de fuegos artificiales. Es curioso, porque ambos logros parecen implícitos desde el primer momento, se captan sin indicaciones. Por esto y por todo lo descrito anteriormente, no puedo más que rendirme a esta tercera versión de Corridor, quienes además de estar en un sello de primera, suenan como si tal.

8’5

Escucha Junior de Corridor a continuación

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