Coldplay – Everyday Life
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Ha pasado mucho tiempo desde que Coldplay se convirtiera en una banda vilipendiada, sin embargo, Everyday Life va a hacer que muchos reconsideren su postura con respecto al cuarteto. Lo nuevo de los londinenses es su mejor trabajo en años.

Coldplay ha entregado su álbum más ecléctico, diverso y provocativo desde el exitoso Viva La Vida o Death and All His Friends, un álbum lanzado hace once largos años. Su último disco, Everyday Life, es una incursión en algo que no han ofrecido mucho en sus últimos discos: nuevos sonidos. Tras cada lanzamiento posterior al primer sencillo del doble álbum, fui sintiendo como si finalmente hubieran llegado a alcanzar el desprecio necesario hacia ese pop facilón e ignominioso presente en A Head Full of Dreams, un LP que contiene algunos éxitos destacados como es costumbre en un LP de Coldplay, pero que en última instancia perdió la marca característica del cuarteto debido a la falta de sustancia y al abuso del relleno a través de un pop vacío.

No hay una sola cosa que pueda señalar para decir que Everyday Life sea algo diferente y mejor al anterior, más bien es la culminación de un proceso que nace de una serie de elecciones artísticas más que interesantes, de la experimentación con diferentes géneros, del corazón de Chris Martin, del reconocimiento del clima social actual y también de la habilidad para ser fieles a sí mismos sin caer en el cliché. Incluso en la evolución de su sonido aquí, Chris Martin, Jon Buckland, Guy Berryman y Will Champion se mantienen fieles a lo que los hizo una banda fantástica que fue manteniendo una carrera de calidad y de una naturaleza genuina durante su primera década de vida. Podría decirse que Coldplay han recuperado algo que parecía perdido: su pasión por la música. En realidad, esto hace que Everyday Life no sea tan diferente a sus predecesores, sigue siendo un disco de Coldplay, pero es indudable que es el álbum más serio, variado y políticamente más arriesgado de su carrera. El discurso en torno a lo genérico de su sonido perseguirá a la banda británica eternamente, pero con trabajos así tienen argumentos para defenderse con fuerza. A nivel temático, Coldplay continúan moviéndose en Everyday Life tirando su particular motor creativo, ese cuya gasolina son emociones universales, comunes y que, en este disco, más que nunca, se plasman en lo cotidiano, aunque brillando de forma especial. Como en otras ocasiones, hay soledad, hay amor, hay angustia, hay descontento social, malestar personal, optimismo… El grupo ha vuelto a ser capaz de captar los sentimientos y los matices de las relaciones humanas dentro de su música, esta vez en un LP que es una clase magistral dentro de esta materia superando así la parálisis de la última década y renovando sus votos con el público y la crítica.

Everyday Life es un disco más complejo, menos inmediato y menos amigable. El LP está lejos de girar alrededor de un pop al que podríamos tildar de convencional, sino que se mueve en torno a múltiples géneros y en varias direcciones, lo que acaba haciendo que los oyentes se rindan una vez hayan completado la experiencia de la escucha completa. No hay un single como “Viva la Vida”, no, pero hay muchas canciones. Alejándose de la producción estándar de Coldplay, Everyday Life también toma posición como su declaración más política hasta la fecha, condenando la brutalidad policial en la exasperante “Trouble in Town“, abordando el control de las armas de fuego en la socarrona “Guns” y poniendo un rostro humano y reconocible a la crisis mundial de los refugiados con la agridulce alegría de “Orphans“. Aunque estos momentos son intensos, no abruman, dejando oxígeno para continuar con la escucha. Las campanas de iglesia y los cantos de góspel elevan momentos íntimos como “BrokEn” (con ecos de U2) y “When I Need a Friend” a experiencias no solo universales, sino casi místicas. Ojo, esta es una característica presente en todo el álbum: cada pista ofrece momentos especiales que el oyente hace suyos. Por otro lado, “Èkó” presenta la clásica guitarra de Buckland con tonos folk, “Cry, Cry, Cry” muestra a un Martin renovado y absorbido por el doo–wop y “بني آدم” expone el lado más barroco y bello de Coldplay. Además, hay tres piezas que destacan sobremanera: la devastadora “Daddy“, con su conmovedor piano; la brillante “Champion of the World“; y la épica “Arabesque“, que corona la cúspide de Everyday Life junto a la mítica familia Kuti. Por último, no se puede ni se debe obviar la expresión conceptual del LP. Haber agrupado el disco en dos partes diferenciadas, Sunrise y Sunset, las cuales sirven como distintivos para diferenciar cada cara del doble álbum, logra exactamente lo que la banda pretende: encapsular la belleza y la oscuridad de lo cotidiano a nivel universal y hacerlo visible en cada corte.

Puede que este álbum no sea para todos a pesar de que ese sea su objetivo. Para mucha gente, Everyday Life se quedará a medio camino, no gustando a los críticos más intransigentes y no sonando en la radio tanto como trabajos anteriores, pero Everyday Life es lo suficientemente bueno como para retirar vendas y derribar algún que otro mito. Coldplay, lejos de tirar de estatus en la industria, se ha transformado en una banda exploradora que ha sabido encontrar nuevos matices dentro de su universo musical. Sin dejar de lado su sonido y su personalidad creativa, el cuarteto ha sido capaz de facturar un álbum inmenso y orgánico, un disco que puede sonar en esos días –sean cuales sean– y encajar bien. Everyday Life, guste o no, es lo que todos le pedíamos a Coldplay. Pues bien, aquí está.

8

Escucha Everyday Life al completo

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