Bon Iver – i,i
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​Bon Iver, narrador de historias.

Érase una vez un narrador de historias, Bon Iver, un hombre lacerado por seis años de fracasos amorosos que decidió irse al bosque, lejos de todo el mundo. Era invierno, el frío y la brevedad de los días propiciaron la transcripción de sus pensamientos y sentimientos escasos de luz, en forma de letras pragmáticas y melodías rurales primorosamente cuidadas en cada arreglo. Escribió una historia de dolor in crescendo que llamó For Emma, Forever Ago y se la regaló a un mundo que no la esperaba, pero enseguida se dio cuenta de cuánto la había necesitado.

La primavera se abrió paso y trajo consigo luz tibia y sedosa, la toma de conciencia de los estados de ánimo y mentales, y la paz que ello conlleva. El narrador la quiso retratar, en épicos paisajes ficticios de colores armoniosos y difuminados esperanzadores, dando vida a un cuento de espacios sosegadores en un cuadro apaciguador titulado Bon Iver.

Para cuando llegó el verano, el narrador había tenido una epifanía. Con euforia describió en 22, A Million, melodías arañadas y beats distorsionados mediante, la liberación de la búsqueda obsesiva del autoconocimiento y del apego a las raíces físicas, metafóricas y sonoras.

Pasaron doce años entre aquel invierno y este otoño llamado i,i, la estación que cierra el ciclo y una era. Confiesa el narrador sus reflexiones, contemplando un lugar a medio camino entre el bosque y el firmamento, un lugar que no puede ya situarse en lo terrenal, mientras lo envuelven tenues rayos de luz otoñales. i,i es el otoño, es la madurez del hombre y su andadura hacia la sapiencia, su relación consigo mismo, con los demás, con el amor, con la sociedad y con el mundo que habita.

But on a brite fall morning I’m with it / I stood a little while within it / Man you have to know / Know the way it goes

Doce años lleva Bon Iver contándonos historias, siempre sorprendentes, siempre ineludibles, siempre desconcertantes, siempre adictivas. No defrauda i,i, otra de esas historias imprevisibles y que súbitamente se tornan necesarias para una catarsis que el oyente aún ignoraba necesitar.

Este cuarto LP de la banda de Eau Claire es un disco que estremece desde la primera escucha, casi cuarenta minutos que evocan lo más recóndito del ser, sin esfuerzo y sin solicitar la atención del oyente tan siquiera. Pero la multiplicidad esencial de este largaduración exige necesariamente escuchas pausadas y entregadas. Es la consagración la condición sine qua non para poder comprender un disco que, tras una primera escucha despistada y sentimental, podría parecer situado anacrónicamente en la órbita terrestre de Bon Iver. Musicalmente, en efecto, cabría situarlo por delante de 22, A Million, pero, paradójicamente, sería también un sinsentido. Es imperativo pasar por esa ruptura tan abrupta en el sonido más identitario de Bon Iver, la que representó 22, A Million, para llegar a la placidez imperturbada que reverbera i,i.

El abanico de sonoridades que Bon Iver ha ido ampliando a un ritmo casi furioso en los tres álbumes que preceden i,i, halla en este último trabajo su punto de encuentro y equilibrio natural. Amalgama en el disco, con comedimiento y mesura, el bucolismo de For Emma, Forever Ago, el onirismo de Bon Iver y el experimentalismo de 22, A Million.

No faltan, aunque sí se enrarecen con respecto al anterior trabajo, autotune y vocoder. Lo que sí abunda en i,i son vientos sensuales contoneándose entre los retazos de estilos que conforman una suerte de cuadro cubista. Se desliza sutil un saxo envolvente en “We“, un collage de baladas, lamentos de jazz y reminiscencias del rap que tanto parece atraer a Justin Vernon. El corte habla de engaño y cicatrices juveniles, pero también reclama el derecho a la inocencia de fábula propia de la inexperiencia. «You keep evading boy, you putting me flat on the floor / It’s okay, you were young when you were gave it / But you stayed there / And you’d expect it when we photograph our scars / Some lonely fable that we took in then right from the start», es una conversación entre el yo joven y el yo adulto. “We”, nosotros, habla de un dualismo que Vernon retoma en “Faith“, esta vez refiriéndose a un ser superior. Es un tema épico y envuelto en vapores del éter, cuya melodía dulce y conmovedora trae consigo los ecos de “Perth” u “Holocene“. Una oda a la esperanza, a mantenerse firmes en la fe entendida como filosofía de vida. «I and I» (i,i —NdR—) es una expresión rastafari que suele sustituir «we» y simboliza la unidad, la convivencia armoniosa de dos seres en uno, aludiendo a la presencia de dios en cada persona.

Pero i,i no es la historia de un suceso ni una idea, sino de la evolución de un hombre y su relación con lo que lo rodea. Así lo hace constar en “Holyfields,“, una canción sin apenas compostura y humilde incluso en comparación con el For Emma, Forever Ago. Al hombre, que ya ha dejado de tener veinticinco años hace largo tiempo, le preocupa la falta de amor por la tierra que poblamos. «The dawn is rising / But the land ain’t rising», dice, en una clara alusión al cambio climático, al aumento de la temperatura global y a la despreocupación por sus consecuencias.

Hey, Ma“, corte intimista y estéticamente cuidado en el mínimo detalle —a pesar de pretender dar una falsa sensación de sencillez—, es un enigma cuyas posibles soluciones parecen igualmente válidas. Da la impresión de ser un mensaje claro e inequívoco, algo muy contranatural en Bon Iver, así que cabe preguntarse si su situación en el disco no será una pista. Justo después de “Holyfields,”, esta canción sugiere un paralelismo entre el vínculo de hijo y madre y de hombre y Madre Tierra. Y es que la naturaleza siempre ha tenido especial relevancia para Vernon, si bien más desde un punto de vista terrenal, y en esta ocasión más conceptual o sentimental. Es, de hecho, un tema recurrente que vuelve a hacerse presente en “Jelmore“, en el que condena el porvenir («And a gas mask on his arm / And one by one by one / We’ll all be gone»).

El narrador de historias ha crecido, ha madurado, y sus preocupaciones con él. No puede quedarse indiferente a la tragedia social que invade irrefrenable Estados Unidos. “U (Man Like)“, una balada en la que un piano cansado y a la vez esperanzado llora y lucha, evoca recuerdos lejanos de góspel y unidad («Presently, it does include my dues / Ain’t your standard premonitions / All this phallic repetition / Boy, you tell yourself a tale or two / Man like you / Man, improve»). Merece particular atención también “Sh’Diah” («Shittiest Day in American History»), un lamento por la victoria de Trump que abre con la solemnidad de un órgano y rota en torno a un saxo desconsolado.

Naeem” es uno de los cortes más destacables del trabajo, supone otro salto en el pasado manteniendo un pie en el presente. Recuerda en cierto modo el sonido de Bon Iver, y abunda en él un atento trabajo de producción en el esmero en cada arreglo, los coros que acompañan en segundo plano, el duetto de batería y guitarra repitiendo casi compulsivamente el mismo ritmo elemental y vibrante. En la senda de la lírica más típica de Bon Iver, es críptica e indescifrable, aunque parece hablar de amor como sentimiento puro. Naeem es un nombre que significa bondadoso, caritativo, y se puede encontrar cierta referencia a la cultura hindú y su división de la población en castas en base a su pureza de espíritu («I go for the caste / I fall off a bass boat»).

En la línea de “Naeem” se sitúa “Salem“, un homenaje a la aceptación, no solo de uno mismo esta vez, sino en general de la diversidad que nos rodea. Una diversidad reflejada en el —realmente muy extenso— número de colaboraciones que plagan i,i. «‘Cause abnormalities / Surely / Are everywhere you see / So what I think we need / Is elasticity, empowerment and ease», asevera.

La de Bon Iver ha sido una historia muy bonita en cada una de sus entregas, pero ha llegado a su fin y no hay ningún plan a seguir. No es un adiós, vendrán otras y quizá incluso pensaremos que nada ha cambiado, pero nada será ya lo mismo. Así nos lo dice el narrador en “RABi“, una emotiva tonada de americana que ejerce de despedida: «So what of this release? / Some life feels good now, don’t it? / Don’t have to have a leaving plan / Nothing’s gotta ease your mind / Well, it’s all fine and we’re all fine anyway / But if you wait, it won’t be undone».

i,i es un amor de verano desacomplejado y reparador que se acaba naturalmente con la llegada del otoño. Sin drama, sin rencor, con perspectiva y conciliación. Con buen sabor de boca, savia para un corazón maltrecho. Y así acaba la historia de un hombre destrozado por el desamor, un hombre que cree haber encontrado alivio, un hombre que vuelve a encontrarse solo, cazcaleando por una isla griega desolada y acechado por su congoja. Así acaba la historia de un hombre que al fin encuentra las respuestas que buscaba, cambiando las preguntas que se ponía.

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