#Crónica La sobriedad y elegancia del virtuosismo de Tindersticks


El pasado viernes 22, el grupo británico Tindersticks presentó su álbum The Waiting Room en Cartagena en un concierto marcado por la elegancia y la sobriedad de los virtuosos músicos que componen la banda


 Tras la performance de Niño de Elche hace menos de una semana, la otra fecha que tenía marcada en rojo en mi calendario con motivo de la programación de La Mar de Músicas era la del concierto de los Tindersticks en el Parque Torres. El grupo británico presentaría en el festival cartagenero su último disco de estudio, The Waiting Room, en el cual todo se muestra como siempre: sobrio y elegante. Y la puesta en escena de esas dos características fue perfectamente incrementada por la soberbia interpretación de los integrantes del grupo liderado por Stuart Staples.

El grupo se subió a un escenario a oscuras mientras sonaba la pista que abre el álbum, la instrumental ‘Follow Me’, y nada más colgarse los instrumentos, los músicos empezar a interpretar la sutil pero efectiva ‘Second Chance Man’, recogida también en el nuevo disco. En esta pieza, la guitarra poco a poco dota a la canción de una fuerza muy efectiva que se ve reforzada por una batería cuyo sonido de platillos se clava en oídos, mente y alma de los asistentes. Seguidamente, y casi sin descanso, interpretan otro de los temas del álbum: ‘Were We Once Lovers?’. Con ello nos queda claro lo que va a ser el denominador común del concierto: una guitarra que se clava y nos mantiene dentro del concierto y una base rítmica que envuelve toda la canción y la convierte en un martillo pilón. En esta genial pieza además, Staples coge una guitarra que parece lamentar con el cada uno de los versos de la canción.

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Tras esa primera presentación de sus nuevos temas, y con guitarra acústica en mano, Staples y compañía recuperan ‘Sleepy Song’, donde el xilófono toma protagonismo; ‘Medicine’; la versión del clásico de Peggy Lee ‘Johnny Guitar’, que el grupo ha llevado por completo a su terreno; o la genial ‘She’s Gone’, en la que el protagonismo se lo llevan los teclados y que muestra una genial armonía entre la guitarra acústica y las escobillas usadas en la batería. Sorprendente es la interpretación de ‘Boobar’. El tema comienza de forma calmada con Staples sólo a la guitarra y poco a poco se llena de instrumentación, llegando a un punto muy intenso que rápidamente vuelve a la calma del comienzo, haciendo así de las canciones de Tindersticks algo redondo en todos los sentidos.

En ‘The Other Side of the World’ de nuevo tenemos un riff que nos engancha, una batería que endurece la canción y además, en esta ocasión, la profunda voz de Staples se ve reforzada por el piano, creando una armonía que hace del tema una soberbia canción. Al igual que en la anteriormente  para ‘Factory Girls’ retoman la estructura circular al a hora de interpretar,  dando una gran solidez a las canciones.

Si hay una canción sublime en The Waiting Room esa es ‘Hey Lucinda’. En su interpretación en directo no echamos de menos las cuerdas que nos atrapan de este tema, pues la guitarra slide se convierte en un violonchelo que junto al piano, al xilófono y al bajo y la batería, hacen de la canción una de las más melódicas de la banda. Esa melodía juguetona contrastará mucho con ‘How we entered’ en la cual los teclados se unen de forma maravillosa a una guitarra acústica que a un servidor le puede y como si de Lou Reed se tratase, Staples nos deja los versos uno a uno sin apenas musicalidad, recitando. Tras presentar el tema homónimo del disco con apenas un piano y unos discretos platillos, Staples abandona el escenario dejando a sólo esos dos Tindersticks interpretando ‘Planting Holes’.

Encaminados ya a la recta final del concierto, Tinderstick nos regalan ‘Show Me Everything’ en la que los coros dotan de musicalidad a la oscura voz del cantante; seguida de la pegadiza ‘This Fire of Autumn’ y cerrando con ‘A Night So Still’.

Aunque gran parte del público parecía estar dormido y había caído en algo previsible si no sabes  qué te enfrentas, los incondicionales consiguieron arrancar dos geniales bises al grupo británico, que agradeciéndoselo, regaló una ‘Sometimes It Hurts’ donde piano y guitarra casan perfectamente y cerrando con el lamento de ‘My Oblivion’, dejando claro que los atisbos de intensidad que el grupo podía regalar era lo más animado que el público más muermo o con mayor desconocimiento  iba a catar, porque Tindersticks no son baile y risas, Tinderstick son sobriedad y oscuridad. Y virtuosismo musical.

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