#Crónica La Mar de Músicas, buscando sonidos de todas las partes del mundo


La Mar de Músicas sea seguramente uno de los festivales culturales más importantes de nuestro país, y una de sus principales características es su ecléctica y variada programación musical


La semana pasada, como ya leeríais en su momento, tenía lugar en la portuaria ciudad de Cartagena la 22ª edición de La Mar de Músicas. Además de mi paso por Niño de Elche o Tindersticks, disfruté de otra variada serie de conciertos, pues el evento se trata de un festival cultural que, teniendo como principal protagonista ese arte, programa en la ciudad multitud de actividades y convierte el centro del municipio en un enclave por y para la cultura. Exposiciones, proyecciones cinematográficas, talleres de escritura, etc. La Mar de Músicas siempre va más allá. Sin duda alguna, es uno de los festivales culturales más importantes de nuestro país, y los más de 20 años que lleva celebrándose lo avalan. Así, este año en distintos puntos de la ciudad podíamos disfrutar de la historia de los Johanssen o de la preciosa naturaleza de Suecia. Y es que, el país invitado para este 2016, eran los fríos escandinavos.

Servidor tuvo el ojo de, sin ser de forma intencionada, comenzar su andadura por el festival con Anna Von Hausswolff (lo confieso, es la primera vez que escribo el nombre bien a la primera) natural de Suecia. A la joven se me habían referido como “la diosa sueca”, y tras escuchar por encima alguna de sus referencias discográficas decidí plantarme en el Parque de Artillería a disfrutar de ella. La forma más sencilla de definir lo que viví durante la actuación de Anna Von Hausswolff sería que la sueca, sin saberlo, se nutrió de mi sorpresa para dar un concierto más que intenso. Dejando las cosas claras desde el principio abriendo con un instrumental, no fue hasta alrededor de la cuarta canción que los guitarrazos con raíz post-rock sustentados en una potente batería y unos perfectos sintetizadores encargados de crear la intensa atmósfera cesaron. La joven advirtió que daría un descanso a nuestros oídos por si no estábamos acostumbrados a lo que hacían, y micrófono en mano (durante los anterior temas se había mantenido escondida tras su melena rubia y un teclado) dejó el escenario para bailar y cantarnos, bajando una marcha de intensidad en lo musical pero subiéndola en lo interpretativo. Cuando volvió a subir al escenario y cerraron con otra buena dosis de electricidad musical, se había ganado al público, que acabó pidiendo más. Ella y su banda, encantados.

Los más entregados al festival seguirían seguramente su noche con uno de los platos fuertes de la programación: el doble concierto que Fuel Fandango y Chambao daban seguidamente en el Auditorio Parque Torres. Servidor, ante la idea de reservar a los primeros para el Sonorama Ribera y ante la indiferencia respecto a los segundos, siguió su andadura por el festival al día siguiente con Niño de Elche. Como ya comenté, este concierto se me presentó como una performance y es que recordemos, La Mar de Músicas va más allá. Incluso sin salir de la sección de músicas.

Me hubiera gustado poder disfrutar de los siempre divertidos Nunatak, de los intensísimos La Maravillosa Orquesta del Alcohol o de la celebración funk de Earth, Wind & Fire, pero por problemas logísticos no fue hasta el día siguiente cuando pude volver a catar algo de la Mar de Músicas. Una espinita clavada que tenía era la de ver en directo a Muerdo. El cantautor murciano actúa ahora arropado por una genial banda cuyos miembros ponen en relieve la esencia del festival: distintas culturas unidas por el denominador común de la música.  Cuba, Madrid, Valencia y  Murcia confluyen para crear sonidos que se mueven entre la simple canción de autor, el son cubano, el rap y el ska, y que hicieron bailar al público asistente a la plaza de San Francisco, donde el acertado escenario de música local “Somos de Aquí” está ubicado. Paskual (alter ego de Muerdo) y su banda son seguramente de los artistas más originales que hayan salido en los últimos años de nuestra región y uno de los más en forma, y su entrega sobre el escenario (en dos ocasiones subieron a él para interpretar un bis) es total. Fue en la interpretación de su genial tema ‘Sonidos’ en la que me di cuenta de la importancia de este festival para mantener viva la cultura en nuestra región y decidí redactar este artículo. El título no es mera casualidad: Muerdo es el desencadenante de estas palabras, sin saberlo, y es que en 5 días había disfrutado de sonidos suecos, andaluces y latinos. Y lo que me quedaba.

Damien Jurao Mar de Músicas

Al día siguiente era la jornada más ajetreada para mí. Empecé la noche disfrutando del cantautor de Seattle Damien Jurado en el Parque de Artillería, tras no haber podido acercarme a presenciar que hacía el cantautor local Rio Viré con sus ‘Buenos Días Sol’ en La Mar Chica ni a descubrir a los al parecer más que intensos Hoffmaestro en la Plaza del Ayuntamiento. Jurado salió al escenario acompañado de un segundo guitarrista (que empuñaba una acústica de 12 cuerdas) y una corista que de vez en cuando añadía algún pequeño accesorio de percusión al recital del estadounidense. Nada más abrió la boca una cosa nos quedaba claro: actualmente, no hay nada más puramente folk que la música de Damien Jurado. Servidor, fiel seguidor de Wilco, Neil Young o Iron & Wine entre otros, reconoce que estos van más allá y que, a falta de analizar más a fondo la extensa discografía de Damien Jurado, el cantautor practica un folk que irremediablemente hace de cualquier escenario una árida carretera americana. Durante la interpretación de la genial Metallic Cloud, recogida en su penúltimo disco, segundo de la trilogía que el de Seattle nos ha dejado con la producción de Richard Swift, el cantautor notó algún tipo de problema técnico, al parecer relacionado con los cables, y sus dos acompañantes abandonaron el escenario para intentar solucionarlo. Mientras tanto, Jurado en solitario encadenaba varios temas de ese Brothers and Sisters of the Eternal Son, únicamente salteados con ‘Sam and Davy’ recogida en su última referencia discográfica Visions of Us on the Land. Mientras sus acompañantes suben a poner fin a los problemas con su guitarra, Jurado volvió a su anterior trabajo y a la genial Jericho Road, pues el show, en palabras del cantautor, debía continuar. Tras cambiar un simple cable, la acústica del cantautor sonó más potente y el concierto echó a rodar como un coche por los campos de EEUU.

Pese a la más que satisfactorio sesión de folk que estaba viviendo, la cita importante iba a ser a las 23h, y a riesgo de perderme el comienzo, salí antes de que el de Seattle terminara su recital: la sobriedad y elegancia de Tindersticks me esperaba como cierre de mi andadura por el festival. En una semana había vivido sonidos suecos, andaluces, latinos, americanos y británicos. Pero también podría haber disfrutado de Jamaica o Ghana, por ejemplo. Y eso es lo rico de esta gran cita cultural. Sin salir de la ciudad portuaria se nos pone en bandeja un viaje sonoro que no cuesta más que el transporte y la predisposición de disfrutar y descubrir. Larga vida a La Mar de Músicas.

Escrito por
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