#Crónica El flamenco se hizo puño en Cartagena por Niño de Elche


El pasado 17 de julio, Francisco Contreras, mejor conocido como Niño de Elche, actuaba en el auditorio El Batel de Cartagena con motivo del festival La Mar de Músicas. Rozando el lleno absoluto (apenas unas 20 localidades quedarían sin ocupar), el cantaor almeriense hizo del flamenco un puño reivindicativo.


Como ya os comentamos, el domingo 17 de julio,  Niño de Elche, el alter ego de Francisco Contreras, nos trajo a la noche cartagenera  sus Voces del Extremo, dentro de la selecta programación de la 22ª edición del Festival la Mar de Músicas. El cantaor fue recibido con la calurosa bienvenida de un auditorio casi lleno (si, es cierto, era la sala pequeña), y, acompañado de dos de sus músicos, guitarra y batería, comenzó su concierto libro en mano, recitando un pasaje del mismo. Desde el principio algo nos quedaba claro: Niño de Elche no es solamente un cantaor, no es sólo música; Niño de Elche es un intérprete (casi) performativo que hace del flamenco un instrumento más de reivindicación. Niño de Elche da forma de puño al flamenco. Tras este genial prólogo, y mientras Francisco Contreras jugaba con un transistor delante del micrófono, otros dos miembros se unían a la banda entre calurosos aplausos: ya teníamos a todos los integrantes de Pony Bravo en el escenario acompañando a Niño de Elche.

El concierto propiamente dicho (en ningún caso paso por alto el prólogo antes comentado) empezó con ‘Estrategias de Distracción’, como lo hace la última referencia discográfica de Niño de Elche, Voces del Extremo. Durante esta canción nos damos cuenta de la facilidad del guitarrista que acompaña a Francisco Contreras ensacar multitud de sonidos al instrumento y de la maestría de Daniel Alonso (Pony Bravo) con los teclados y sintetizadores. Nada nuevo bajo el sol. Tras encadenarla con la genial ‘Mercados’ y ser de nuevo ovacionado, Niño de Elche se dirigió a nosotros y al festival, al cual agradeció la decisión de contar con él para esta su 22ª edición. Además, presentó el disco anterior comentado, que en palabras suyas, bebía de la llamada poesía de la conciencia crítica, esa que se alejó de la institucionalizada poesía social. Seguidamente, el cantaor nos habló de una de las cosas “que más le arañan la piel”: el conflicto palestino. Con su interpretación, de nuevo acompañado únicamente por dos músicos,  de la genial ‘Canción de corro de niño palestino’ nos transportó a la franja de Gaza y nos transmitió el dolor de ese niño que pide una granada. Marcando sus canciones con sus interpretaciones, sus bailes y sobretodo, como nos mostró en ‘Informe para Costa Rica’, los juegos con su voz.

Si hay una canción de Niño de Elche que le llega a un servidor esa es ‘Nadie’. Si bien una vez se conoce a quién y por quién es escrita, se hace un poco menos personal: Francisco Contreras la escribió para Paul Preciado, el filósofo feminista que nació como Beatriz Preciado. Y es que ese verso de “nadie me conoce” toma un sentido mucho más social y visibilizador ya que con él, lo personal se hace una vez más político. Ya cercanos al final del concierto, Niño de Elche se suelta a hablar con el público. Por un lado, anuncia que las dos siguientes canciones son una especia de regalo para Podemos, que parecía que su amigo Joe Crepúsculo no lo hubiera hecho muy bien componiendo su himno, por lo que les cedía ‘Miénteme’ y la genial ‘Que os follen’, una canción que, según si Francisco Conteras mira arriba será de odio y si mira hacia abajo, hacia el público, será de amor. Además, el cantaor desveló la importancia de Cartagena para el nombre Niño de Elche, pues lo adoptó tras una de sus diversas visitas a la ciudad con motivo de la participación en uno recital flamenco.

Despedido entre ovaciones, la banda al completo salió de nuevo a interpretar un bis que para ellos era lo realmente transgresor o revolucionario de Niño de Elche: conseguir que los Pony Bravo palmeen bien una canción, la ácida ‘La familia es lo primero’. Niño de Elche acababa así un concierto que esperaba que hubiera hecho que algo cambiara en nosotros. Y esto era porque, al fin y al cabo, no se trataba de un concierto, sino de un acto performativo. La performance que aunaba flamenco y política en su vertiente más revitalizada. Si tienen ocasión de acercarse, no lo duden, Niño de Elche es uno de los artistas más en forma de nuestro país. Sólo lo lamentarán si son unos  puristas del flamenco. Advertidos quedan.

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