Crónica del viernes: ¡Por diez años más de Wurlitzer!


Crónica del viernes de aniversario del Wurlitzer Ballroom con las actuaciones de La Moto de Fernan, Juana Chicharro, Los Wallas y Los Chicos


Wurlitzer Ballroom. El nombre al completo supone esfuerzos de pronunciación salvo para germanoparlantes (la parte anglo resulta más sencilla), razón por la que el acortamiento ha sido esencial en su presencia (casi) masiva en cualquier alma nocturna que haya sido bendecida con el gusto por el rock y que ronde Madrid y sus cercanías. La semana pasada celebraban su aniversario (¡qué diez años no son nada!) con unos fastos similares a las bodas gitanas de más caché: cinco días de fiestas con jornadas maratonianas de conciertos. Cada día tres o cuatro artistas se subieron al escenario de esa sala que se convierte en tu casa en cuanto la frecuentas. Sin poses ni gilipolleces de modernos. Una casa eterna y sin hora de cierre en la que siempre somos bienvenidas (camiseta de regalo incluida). Estuvimos el pasado viernes 30 de septiembre en uno de los platos fuertes del aniversario-festival. Rock en mayúscula que hizo que los más prevenidos usaran sus tapones. El motor y el pitido en los tímpanos sigue rugiendo después de escuchar a La Moto de Fernan, Juana Chicharro, Los Wallas y Los Chicos. Una bendición escuchar música en vivo más allá de la medianoche.

La hora del cartel fue un mero trámite y el inicio se alargó mientras las probetas de Jägermeister, uno de los patrocinadores del evento, empezaban la carrera sin frenos. La Moto de Fernan se hicieron esperar, pero desde que la pareja pisó el escenario, la locura fue la que guió las contorsiones de los valientes que se agolpaban en las primeras filas. Pogos entre los que algún componente de Los Ramblings se defendía con piernas y brazos mientras el punk de los de Benidorm subía ritmos a la batería y se dejaba el alma en el fraseo de cada verso que soltaba perversiones sexuales y enamoramientos de (no) juventud. Canciones de dos minutos con las que vitaminar a unos parroquianos que sabían a lo que venían. Los ‘Dirtys molan’ y La Moto de Fernan también. Sudaron la camiseta lo suficiente como para que les dejáramos que se hicieran el harakiri y después les tocaran el theremín.

La Moto de Fernan - Fotografía por Eva Sanabria
La Moto de Fernan – Fotografía por Eva Sanabria

La segunda en aparecer en el escenario fue Juana Chicharro con su desparpajo habitual, su lengua sin pelos y su look tan vintage de El Rastro más auténtico. Esa mezcla de Martirio, La Terremoto de Alcorcón y su divismo particular. Inclasificable, como siempre, su unión bienavenida de flamenco coplero con el rockabilly más macarra y una actuación políticamente incorrecta (hola, Susana Díaz, tu camiseta mola mil). Deleitó a propios y extraños con sus temas sobre parejas tóxicas, drogas en barrios obreros y vida rutinaria de un ciudadano de clase media. ‘Me pico en la vena’, ‘En la Celsa’ o ‘El bulevar’, por poner unos ejemplos sencillos. Echamos de menos su top made in El Corte Inglés. Alguna que otra alma embutida en su propio vestido sufrío la picadura de las probetas mágicas de Jägermeister y entre tema y tema de la Chicharro se contorsionaba en eses de ida y vuelta que la llevaban a la boca del lobo. Los moscones no perdían ripio mientras su igual sobria sufría la presencia del pelmazo de la noche. El porcentaje de los géneros tiene estas cosas en el paraíso Wurlitzer.

Juana Chicharro - Fotografía por Eva Sanabria
Juana Chicharro – Fotografía por Eva Sanabria

Sin mucho descanso para tomar aire subieron Los Wallas al completo con muchas ganas de expandir amor hacia esa música mestiza que protagoniza su último trabajo, Sangre, sudor y LaGrima, y seguir disfrutando del sarao a pie de calle. Con un Juan Wallas fuera de control (no lo digo yo, los amigos de vi-Twins dan fe del fervor), el quinteto se vino arriba mientras los temerarios de las primeras filas soltaban cerveza al aire al ritmo de temas pendulantes como ‘La Camisa’ o ‘Cicatrices’. El garage manchego no se etiqueta, adopta diferentes personalidades y lo mismo te sorprende con el surf instrumental de ‘Surf Cero’ que se pone tierno con ‘Azabache’. La única definición que puede darse a Los Wallas es la de llamarlo rock, sea a veces más yeyé, otras con cierto toque beat o de ramalazos de psychobilly. Y yo también me quedo con los Doors y con el homenaje sesentero que el oyente de Los Wallas encuentra en este último disco.

Los Wallas - Fotografía por Eva Sanabria
Los Wallas – Fotografía por Eva Sanabria

Las manecillas del reloj, si siguen existiendo, seguían avanzando mientras que la medianoche quedaba lejos ya. Y sólo estábamos en el ecuador de la fiesta aniversario del Wurlitzer Ballroom. A la última actuación le llegaba su turno y Los Chicos no se hicieron esperar. Con su característico atuendo y su particular pronunciación. Chicles yankees are in town! Los aniversarios no vinieron solos ya que Los Chicos cumplían quince primaveras por lo que fiesta se celebró por todo lo alto, incluyendo subida a la barra y aparición estelar de Álvaro, uno de los dueños del Wurlitzer Ballroom. Rock con cierta querencia al country es el que se respiraba dentro de la céntrica sala con temas como ‘A Kingdom of Coolness’ o ‘More Beer’, ambos presentes en su último disco, Rockpile of Shit. Serían cerca de las cuatro de la mañana cuando tocaron a fin y tras las despedidas de rigor, dejamos que los demás parroquianos continuaran con la fiesta hasta la salida del sol. Habrá que volver este fin de semana para brindar por, al menos, diez años más de Wurlitzer Ballroom, ¿no?

Los Chicos - Fotografía por Eva Sanabria
Los Chicos – Fotografía por Eva Sanabria
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