Crónica del Tomavistas (segunda parte)


El festival Tomavistas se celebró, por primera vez, hace dos años, en el mes de julio, en un lugar inusual para los eventos musicales, el Hipódromo de Madrid. Al año siguiente no se celebró, sin embargo, sus promotores, en un alarde de astucia, siguieron programando conciertos de calidad con diferentes artistas (algunos que habían pasado por la versión festivalera del Tomavistas y otros que no) bajo el nombre de Tomavistas Ciudad. Este 2016, por fin, volvimos a vivir uno de los festivales hechos con más mimo (al menos de Madrid) que conocemos. Se palpa el cariño de su organización desde el primer minuto y, como no, volvieron a elegir otro lugar inusual a la par que especial: El parque Tierno Galván. Os desagranamos en dos crónicas lo sucedido en el Festival Tomavistas de 2016.


 

Por razones que no vienen al caso solo tenía pensado acudir el sábado al Festival Tomavistas y, al final, también me acerqué un rato el domingo. Desde el primer momento tenía curiosidad sobre cómo les habría quedado el recinto ya que, a pesar de ser solo la segunda edición, desde la primera  ya quedó clara la importancia que los organizadores le daban al recinto. Y no es para menos puesto que un entorno determinado, sin duda, ayuda a retener en la memoria momentos inolvidables. Yo sabía que este Tomavistas entraría a formar parte del “disco duro” los recuerdos imborrables porque algunos amigos mios que, en su día, prometieron no ir más a festivales (solo a conciertos en sala) estaban ahí. No se qué tiene este festival que lo diferencia de otros, pero lo hace, quizás sea el cariño con el que lo han organizado todo, o el gusto, o las ganas, o un poco todo aquello que tenga que ver con el amor la música y no tanto con la frialdad de la industria y las cifras puras y duras.

Entré pronto, no queria perderme al grupo de las 19h. Y me encontré con unos Señores en el escenario pequeño que tenían maneras, prometían mucho. Los amigos de Perro repetían festival (estuvieron en la primera edición) y salían al escenario, por fin, tenía muchas ganas de verles en festival con su disco Estudias, navajas. Muchos de sus grandes éxitos sonaron, incluyendo ‘Catán’, la canción que me enamoró de ellos y que, dicho sea de paso, me mantiene en un continuo “enfrentamiento” con ellos a ver quién es mejor jugando al Catán. A día de hoy aún no se ha producido ese enfrentamiento y desde estas líneas les recuerdo que aún estoy esperando… Su himno ‘Marlotina’ fue el encargado de cerrar, de manera monumental, su concierto.

El grupo siguiente no fue menos electrizante, si Disco las Palmeras! ya nos reventó los tímpanos en el Monkey Week aquí no iban a ser menos. El trío gallego está dispuesto a romper los tímpanos de quien haga falta. No nos cansaremos de decir que les vemos protagonizando un Proyecto Waikiki alguna vez.

Los señoriales Grupo de Expertos Solynieve daban un respiro al frenético ritmo que habíamos sufrido con esos dos grupazos dejando claras sus intenciones de conquistar al público con la primera canción, ‘La nueva Reconquista de Graná’. Sentimiento y alma en vilo, nos dejaron.

Los alicantinos Siberian Wolves, a quienes habíamos visto en sala, son una rotunda propuesta de rock y psicodelia hecha a cuatro manos. Sus dos componentes, gracias a la ayuda de los pedales y loops, suenan fuertes y potentes. Creo que serán un grupo con una larga trayectoria.

La propuesta internacional de la jornada eran The wedding present, toda una joya de los 80 que pudimos disfrutar en el 2016. Repasaron grandes temas de su carrera, como ‘Kennedy’ y, como no ‘Interstate 5’. Todo un lujo poder disfrutar de estas bandas gracias a iniciativas como la del Tomavistas.

Los catalanes Hölograma regalaron un concierto duro, no apto para todos los públicos, es una propuesta arriesgada y hay que darles tiempo, resultaron un poco monótonos, quizás por contraste con las bandas que les precedían.  Y, por supuesto, por contraste con la banda que todos esperábamos esa noche, Triángulo de amor bizarro, otros gallegos que están empeñados en conquistar los escenarios españoles. La potencia de este grupo está acompañada de unas letras ácidas e incómodas, ancladas en la crítica a la actualidad, como demuestran en muchos de sus temas de su último disco, por ejemplo ‘Euromaquia’ (y esa frase “Europa es una zorra“).

Una lástima que el sonido no acompañara a The suicide of western culture y su propuesta electrónica acompañada de audiovisuales.

Finalmente, WAS, fueron los encargados de coronar esta segunda jornada. Los vascos hicieron chistes sobre el continuo cambio de nombre de su formación (WAS, antes We are standard, antes Standard, antes… Symbol, antes Prince) y comenzaron su brillante show (aunque me consta que no fue del gusto de todos) tocando la txalaparta, redescubriendo su raíces vascas en su último disco. Un colofón perfecto y, sobre todo, lleno de “amor” para este festival.

Los organizadores tuvieron la genial idea de dejar la tercera y última jornada abierta a cualquiera que quisiera acercarse (con un límite de aforo y una previa descarga de invitaciones) y se notó, porque sí que hubo mucha más gente. Me acerqué a ver a Mucho y su “mandaga cósmica” que cada vez van dando pasos más gigantescos hacia el podio musical de los campeones. Solo pude disfrutar del inicio del concierto de Autralian Blonde pero tenía pinta de ir directo a los recuerdos noventeros de más de uno y una, teniendo en cuenta que la media de edad del festival podríamos situarla en torno a los 35. De hecho, de esto también hay que hablar, durante el día no era extraño ver corretear a niños por el cesped el cual, por otro lado, permanecía impoluto gracias a la iniciativa del cobro de un depósito por el uso de los vasos que era reembolsado tras la devolución de los mismos. En definitiva, una propuesta de calidad para un ciudad que se merece, cada vez más, las nuevas actividades culturales que van apareciendo.

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