AMFest: crónica de un festival que crece a pasos agigantados

God Is An Astronaut. Foto: Nekane Barjola

Como un suspiro pasaron los 3 días de AMFest. El festival, que cumplía su quinta edición, crece a pasos agigantados, afianzándose como la propuesta nacional más interesante de rock instrumental (en su mayor parte). Con uno de los carteles más ambiciosos de su (relativa) corta historia, los organizadores pueden presumir, una vez más, del éxito conseguido.


Para cada vez más gente, la fecha del AMFest se marca como algo sagrado en el calendario. Prueba de ello son los dos sold out consecutivos en la venta de abonos, y casi casi también en las entradas de día (éste año, porque el pasado tampoco quedaban entradas sencillas a la venta días antes). ¿Los motivos del éxito? Cuidar al máximo la elección de las bandas y tratar de ofrecer al público asistente música que no podrá disfrutar en otros festivales nacionales.

En esta ocasión, la jornada del viernes contaría con dos conciertos en la sala Apolo, con la finalidad de dar cabida al público de Leprous y God Is An Astronaut. Otra prueba del crecimiento del festival.

Día 1. Jueves: Del jazz rock psicodélico de Gambardella a la emotividad de Yndi Halda

Gambardella Foto: Nekane Barjola
Gambardella
Foto: Nekane Barjola

Gambardella daba el pistoletazo de salida a la V edición del AMFest. El trío barcelonés ofreció una masterclass de jazz rock psicodélico en La[2] de Apolo, que ya presentaba un aforo concurrido teniendo en cuenta que el festival empezaba a las 19:30 horas. Caldearon el ambiente para Lost in Kiev, que actuaron ya con una sala llena. Los franceses llegaban a Barcelona con nuevo trabajo discográfico, Nuit Noire, una obra de post rock deliciosa que presentaron los cuatro vestidos completamente de negro, haciendo juego así con una telaraña despistada que colgaba del centro del escenario, suponemos que atrezzo remanente de Halloween. Con unos visuales que acababan de vestir su música, los parisinos ofrecieron un buen directo aun sin llegar a la épica.

Lost In Kiev Foto: Nekane Barjola
Lost In Kiev
Foto: Nekane Barjola

El plato fuerte venía en último lugar. Los ingleses Yndi Halda volvían años después al AMFest para presentar Under Summer (del que ya te hablamos en su momento), su segundo disco, que como novedad respecto a su debut, aporta voces cantadas. Yndi Halda manejan las melodías e intensidades con una maestría pasmosa. Con un público enmudecido, acabaron en el centro de la sala tocando unas handchimes (campanas melódicas) dejándonos con la piel de gallina. Concierto para el recuerdo.

Yndi Halda Foto: Nekane Barjola
Yndi Halda
Foto: Nekane Barjola

Día 2. De la brutalidad de Doble Capa a los espaciales God Is An Astronaut y las ambientaciones de The Album Leaf

El viernes, el festival transcurría entre La[2] y Apolo. En la hermana pequeña abrían el día Our Next Movement. Lamentablemente, no llegábamos a tiempo de ver a los valencianos, y eso que teníamos ganas de escuchar en directo los temas de 119, disco recién sacado del horno y editado por Aloud. Así pues, subimos a la Apolo para ver a Leprous, que tenían al público entregado a su causa. Los noruegos se mostraron contundentes y enérgicos, pero nosotros teníamos la mente puesta en Doble Capa. Sabíamos que iban a tocar en la pista de La[2] (nada de escenarios) y queríamos coger un buen sitio. Sabia elección.

Doble Capa Foto: Nekane Barjola
Doble Capa
Foto: Nekane Barjola

A falta de que Arianne y Mario tomaran posiciones, estaba ya todo en su sitio. Se creó un semicírculo a su alrededor en cuanto Mario tomó su cigarbox guitar y Arianne se sentó a la batería. No tardaron en arrancarnos los aplausos con su puesta en escena sencilla. Nada de luces ni proyecciones, al dúo le sobra con su blues añejo que destila rabia y actitud. Cada riff, cada acorde, cada bombo, caja y plato importa. Prueba de la intensidad es el trozo de baqueta que se le rompió a Arianne en medio de un tema y que forma parte ya de mi colección musical. Corto pero intenso (aún no tienen material editado), el de Doble Capa fue uno de los conciertos más emotivos, el más difícil para Arianne, ya que recientemente falleció su padre, alguien muy importante para la familia Aloud -Arianne y Sergio (Picón) son hermanos-. El padre era uno más en la organización ayudando desinteresadamente en todo lo que podía. El concierto acabó con uno de esos aplausos infinitos. Enormes.

Sin tiempo apenas para coger aire, subíamos de nuevo a Apolo, donde God Is An Astronaut habían empezado con su recital de post rock espacial. Con un juego de luces y estrellas de fondo que dejaba boquiabierto a todo el mundo, los irlandeses presentaron Helios/Erebus, disco que vio la luz el pasado 2015. Nos dejaron dos perlas curiosas: un sólo de batería cercano al reggaeton y un homenaje a Michael Jackson y su ‘Billie Jean’. Aún no sé si fue por su culpa o por la mía, pero no conseguí meterme en el concierto.

Todo lo contrario me ocurría con The Album Leaf. El resto del festival transcurriría ya en La[2], que para el concierto de LaValle y los suyos presentaba un aforo considerable. Al entrar en la sala, el concierto ya había empezado y decidí quedarme por la parte de atrás. Poco a poco y sin saber cómo, fui adelantando posiciones hasta acabar en la parte media-delantera de la pista, totalmente abducido por las atmósferas y las ambientaciones de los norteamericanos.

Foto: Nekane Barjola
Foto: Nekane Barjola

Para cerrar la noche quedaba la propuesta más electrónica del AMFest, Arms and Sleepers. El directo lo defiende en solitario Mirza Ramic, que empezaba animándonos a curiosear todos los artilugios que tenía en la mesa, a pie de pista. “Podéis tocar todo lo que queráis. Todo menos el portátil. Si tocáis el portátil os mato”, bromeó con el público. Decidimos (en parte el cansancio lo hizo por nosotros) irnos antes de que acabase y guardar fuerzas para el tercer y último día.

Día 3. Viernes: del sólido post rock de Mardemarmo y el post hardcore de Ànteros al stoner de Bala y el dadaismo de Za!

Mardemarmo daban comienzo al tercer y último día de festival, del que finalmente se cayeron My Sleeping Karma por enfermedad. Al no disponer de tiempo para encontrar una banda de características similares, los organizadores decidieron dejar el cartel como estaba. Pese a contar con tan sólo un EP publicado, de título homónimo, los barceloneses están rodados y eso se nota en el escenario. Su post rock, a ratos más clásico, a ratos más paisajístico, fue un golpe en la mesa y una declaración de intenciones. Banda a seguir la pista. Para los tres últimos temas contaron con la colaboración de Jordi de Syberia, que aportó aún más fuerza a las canciones.

Mardemarmo Foto: Nekane Barjola
Mardemarmo
Foto: Nekane Barjola

Llegaba el turno de Ànteros, una superbanda de la casa (y de las pocas que en esta edición contaban con voces), formada por varios de los promotores del AMFest (Mau y Víctor), Cándido (Viva Belgrado), Endika y Óscar (Syberia). Suerte que uno es precavido y ya no va de conciertos sin tapones, porque Ànteros hubieran conseguido agravar mi tinnitus, fijo. Mau, en nombre de la banda, quiso también tener un bonito gesto de apoyo y recuerdo al padre de Sergio y Arianne, dedicándole el tema instrumental ‘Lunas’, incluido en el disco que han sacado recientemente y que lleva el mismo título.

Ànteros Foto: Nekane Barjola
Ànteros
Foto: Nekane Barjola

Las siguientes en saltar al escenario eran las gallegas Bala. Sin tiempo para probar (tuvieron que hacerlo rápidamente antes de empezar a tocar), tuvieron problemillas en los dos primeros temas, cosa que no influyó en que descargaran su stoner pesado con una actitud envidiable. Mención especial al concierto que se marcó V a la batería. Además nos adelantaron algún tema del que será su segundo disco, que están a punto de grabar. Impresionante.

Bala Foto: Nekane Barjola
Bala
Foto: Nekane Barjola

Tras tomarnos unos momentos para comer algo y recargar pilas, volvíamos con los Three Trapped Tigers ya en el escenario. El trío londinense volvió loco al público asistente con su math. Aunque para locura, la de Za! (putos Za!). El dúo catalán es una pura muestra musical de dadaísmo. Siempre rebosantes de buen humor, pusieron patas arriba La[2] con su arte, porque lo de Za! no es sólo un concierto de rock.

Za! Foto: Nekane Barjola
Za!
Foto: Nekane Barjola

Y así, como un suspiro, acababa la quinta edición del AMFest, que nos deja un gran sabor de boca. Los organizadores siguen trayendo grupos consagrados y apostando por bandas emergentes. Continúan confeccionando un cartel que abarca desde el post rock -con todas sus variantes-, al math, stoner y que no hace ascos a las vertientes más electrónicas y bailables. Y además, lo más importante, logran que se respire un ambiente familiar inigualable de pasión por la música.

Y así, cómo no repetir año tras año.

 

 

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