Reseña Crítico / Visceral de la película Stockholm (o cómo a veces el cine español es de verdad Cine)

Stockholm

Una de las cosas que todos decimos cuando descubrimos que una película es española es decir el clásico «bufffff, ¿española?, una mierda seguro». Y solemos tener razón.


Vivimos en un país tan absurdo, entre otras palabras despectivas, que algo tan importante para la cultura popular, algo que si no existiera debería inventarse al instante, como es el cine, no se le tiene ni el más mínimo respeto, ya sea dentro o fuera del mismo. Los de fuera, aquí entramos desde la gente que lo gestiona o los guionistas o los encargados de marketing o, sobre todo, los espectadores, no lo respetan/amos desde el mismo momento en que se usa solamente para ganar dinero, como un simple negocio, o como algo que hacer en lugar de rascarnos los cojones sentados en un banco del parque, en lugar de ver en él el inmenso abanico de posibilidades que tiene y al que no le damos uso (hasta Hitler, ya por ponerme al extremo, lo usaba como propaganda, para convencer a la gente de sus ideales y sus proyectos, y, no se puede negar aunque fuera con unos fines totalmente tachables, al menos le daba más utilidad que las que tiene las últimas de Almodóvar, por poner un ejemplo). Y después, claro, están los de dentro, directores o actores o equipo técnico, que, en su mayoría, no saben hacer bien su trabajo porque, primero, se venden a los de arriba, a los que pagan sin riesgos, ya que el dinero es del ciudadano y de las teles en lugar de ser de ellos, y después porque la mayoría no tienen verdadero talento, sino un padrino con la garganta tan profunda que consigue, sin esfuerzo, que alguien produzca las mierdas que suelen haber en cartelera.

Y así, claro, ¿por qué nos vamos a molestar en ir al cine a ver cine español? Yo hace mucho que me hice la promesa de dejar de ir al cine a ver cine español simplemente porque, al ser financiado por el Ministerio de Cultura y, por lo tanto, pagado con el dinero de mis impuestos, me niego a volver a pagar por ver algo que he pagado ya, ¿se entiende? (si no es así, poned en Youtube TINIEBLAS GONZALEZ y mira el primer enlace), por eso las suelo ver descargadas y bien sentado en mi sofá, con un bol de palomitas y con las luces apagadas. Como un señor, vamos. Y, claro, en un alto porcentaje me encuentro con comedias estúpidas, actores de cartón y guiones escritos por chimpancés más preocupados por meterse el dedo en el culo, para después chupárselo, que por darle a las historias cierta lógica o, al menos, frases nuevas o/y frescas. Se podría decir que veo cine español para que la peor de las películas americanas me parezca escrita por John Kennedy Toole y dirigida por David Lynch.

Pero a veces, este «a veces» lo he tenido que desempolvar porque hacía mucho que no lo usaba hablando del cine patrio, aparece talento, verdadero talento, que se sale de lo que parece que es la línea recta dibujada con sangre en el suelo que sigue todo el mundo, y entonces nos encontramos con una hora y media de auténtico sentimiento, de verdadero amor por lo que se hace y respeto, sobre todo respeto, por el espectador.

El dinero no da la felicidad, aunque ayude a creer que la tenemos, pero a veces no es necesario para que algo sea más impactante que la última obra de Stallone, y eso es justo lo que le da a Stockholm ese aura de realismo, de que estamos realmente en esa casa con los dos protagonistas (a los cuales espero ver pronto, porque seguiré su trabajo, continuando con tan buen pie) y formando parte de una historia escrita con tanta firmeza que casi parece que no haya sido escrita, sino vivida (los guionistas son el director y una mujer, así que quizá no me equivoco), y eso es justo lo que la hace tan visceral y tan cercana, el hecho de que si nos contase un amigo toda esta historia, nos lo creeríamos a pies juntillas.

No voy a entrar en detalles sobre la trama, solo diré que es una manera muy real de ver el típico chico conoce a chica y que, me incluyo, a algunos de nosotros nos ha pasado algo parecido. Solo algo, subrayo.

A veces dejarte llevar por lo que dicen los demás, como me ha pasado a mí al querer verla solamente por entrevistas y críticas que he leído y me han contado, no es un error, sino que nos lleva a conocer cosas que, de otro modo y debido a los prejuicios, hubiésemos sido incapaces de descubrir. Y eso, justo eso, es la magia que el cine debería darnos, y es lo que consigue Stockholm cuando se funde todo a negro.

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