Crítica de la saga del Cementerio de los Libros Olvidados de Carlos Ruiz Zafón

El Cementerio de los Libros Olvidados Zafón

Como sacar pasta de una primera obra genial y alargarla como un chicle sin sabor…


Zafón no necesita presentación, claro que no. Con La Sombra del Viento dio el campanazo de forma merecida, según un humilde servidor.

La Sombra del Viento tiene vida propia, con esa Barcelona de ceniza que nunca existió y unos personajes inolvidables a los que te gustaría conocer (menos a Fumero, a ese ni de coña). Poética, oscura, tierna… Para mí creó un referente con esa primera parte de la saga. (Estoy convencido que nunca hubo tal saga, solo cuando vieron que los libros daban mucho money).

Tras varios años desaparecido, Zafón estaría en la isla que se compró con el dinero ganado, salió El Juego del Ángel. Se trataba de una obra que, en mi opinión, era muy extraña, pesada e irregular. Una especie de precuela con otros personajes y el mismo universo literario. El tono era más oscuro y adulto que en la anterior, pero algo no acababa de cuadrar del todo. Daba la sensación que la obra había sido escrita con prisas. Pese a que no era un mal libro, estaba muy por debajo de su predecesora. Y además era muy confusa en algunas ocasiones.

Después vino una de las mayores tomaduras de pelo que he visto en mucho tiempo, El prisionero del Cielo. Y me duele decir esto porque el personaje principal de la misma, Fermín Romero de Torres era muy querido por mí. Zafón copió El conde de Montecristo y lo situó en ese universo literario que tanto le había dado. Es la menor en tamaño de las cuatro, pero la trama no vale un duro (ojo, en mi opinión). La novela finalizaba sin finalizar. Si querías saber como acababa todo, debías dejarte la pasta en el último libro. Y claro, uno empezaba a cansarse de los personajes con los que tanto había disfrutado. Era como alguien del que crees haberte enamorado en la primera cita, pero al conocerlo te das cuenta que es un pesado/a.

Así que llegó el anhelado fin de la saga, El laberinto de los espíritus. Pues oye, contra todo pronóstico, vas viendo que la cosa funciona bien y los nuevos personajes tienen mucho carisma. De hecho, es algo extraño, porque Alicia Gris y el capitán Vargas son personajes muy interesantes que podrían hacer funcionar la novela sin recurrir a los Sempere. Es cuando se recurre a ellos, en una segunda parte de la novela más decepcionante que la primera, que el argumento pierde fuelle y se hace pesado. Se  nota que el autor quiere contentar a los fans de la saga, pero no acaba de quedar del todo bien. Para cerrar todos los cabos sueltos, Zafón debe recurrir a los Sempere y el ritmo se hace pesado. También, sobre todo en algunos puntos, se nota que el lenguaje es sobrecargado de forma artificial (a diferencia de La Sombra del Viento). Quizás Zafón se esfuerza tanto en recuperar el músculo perdido que se fatiga y eso se nota al leerla.

En fin, si no fuera por una excelente primera parte, esta saga se quedaría justita, justita…

Lo mejor: La Sombra del Viento y la primera parte de El laberinto de los espíritus.

Lo peor: El prisionero del Cielo, el galimatías de El juego del Ángel, la parte final de El laberinto de los espíritus y sobre todo, la familia Sempere al final de saga, muy cansinos. (Al final me daba exactamente igual si les caía una bomba o se intoxicaban con un kebab).

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