El Concierto Pop que toda Barcelona necesitaba

Las Ruinas.
Las Ruinas.

Las Ruinas, Pacífico y Guay! se encargaron, el pasado 30 de septiembre, de que nadie dentro de la Sidecar dejase un solo músculo sin mover en su cuerpo.


Como todos los viernes noche, bares y terrazas del Gòtic estaban hasta los topes de guiris con la cartera llena y el estómago vacío. La esquina de la Plaça Reial que ocupa la Sidecar, aún así, irradiaba un ambiente especial ese 30 de septiembre; incluso dejando de lado el hecho de que el cantante de Manos de Topo estuviese entrevistando al portero de la sala (cosa que a día de hoy aún no termino de comprender). En mi cabeza resonaban las letras del 100% Maximum Heavy Pop (2016), disco que Las Ruinas habían publicado esa misma mañana, y menos mal que ganó “hay que lograr algo memorable” frente a “hoy no voy a salir, esta noche mejor me quedo en casa”, porque me habría perdido una buena.

Desde la entrada de la sala ya se oía el eco lejano de Guay! haciendo, mediante sus ritmos bailongos, que el público entrase en calor ante ese aire acondicionado a toda potencia. (Este es un mensaje para quien sea que se encargue de estas cosas en la Sidecar: ni tanto ni tan calvo. Los puntos medios están muy bien. Aunque siempre haya quejas respecto a las altas temperaturas del local tampoco estamos pidiendo el trancazo que llevo dentro desde entonces.) Los tímidos grupitos que estaban descubriendo allí mismo a estos barceloneses terminaron abandonando su parcela de seguridad al fondo de la pista para, al son de canciones como su recién estrenada ‘Tus Problemas‘, adelantarse y poder mover el esqueleto entre el resto de asistentes. Con un más que satisfactorio sabor de boca tras su actuación y el sello estampado en la muñeca, la mayoría de los presentes salimos a la calle durante los cinco minutos de rigor para fumar un cigarro o respirar aire fresco. Cada cual con sus preferencias.

Antes de lograr atravesar la puerta hacia el exterior un chico con auténtica cara de angustia me agarró del brazo preguntando si habían tocado Las Ruinas ya y, al oír mi negativa, le faltó poco para plantarle un beso al encargado de seguridad. Me maravilla el ser humano durante la noche, aunque más me maravillaría ese chico en cuestión durante el último concierto del evento (tiempo al tiempo; la explicación llegará más adelante). Al hacerse la hora del segundo concierto, el público se deslizó lentamente para conseguir una buena posición desde la que ver a Pacífico. Canción tras canción terminaron el trabajo que la cerveza había comenzado e hicieron que los asistentes meneasen sinuosamente hombros y caderas al ritmo que ellos mismos les dictaban a través de sus instrumentos. Nos deleitaron con su Muévete (2016) y, a golpe de pop y letras tan directas como sinceras, se apoderaron del subconsciente de algunos que volvimos a casa canturreando sus melodías. En mi caso fue “no hay nada más sucio que pararse a mirar el cielo de Madrid”. Con mariposas en el estómago a medida que se acercaba el turno de Las Ruinas, prácticamente levitamos de nuevo hasta la salida al terminar el concierto del quinteto.

Las Ruinas. De izquierda a derecha: Jaime (bajista), Toni (batería) y -se intuye a- Edu (guitarra y voz).
Las Ruinas. De izquierda a derecha: Jaime (bajista), Toni (batería) y -se intuye a- Edu (guitarra y voz).

En la calle estaba todo el mundo apurando culos de botellas y pisando colillas; preparándose para bajar de nuevo las escaleras que les llevarían de vuelta al meollo. En ese momento alguien apareció anunciando a gritos que ya había empezado el último concierto de la noche de manera que unos cuantos corrimos como alma que lleva el diablo y, aprovechando la carrerilla, nos plantamos a los pies de Las Ruinas. Nunca he sido muy fan del sonido que tiene la Sidecar, no es ningún secreto, de manera que fue un auténtico shock para mí lo exageradamente bien que sonó el trío en esta ocasión: cada nota jugueteaba entre el público para rebotar después en el techo enladrillado. Literalmente he perdido la cuenta de la cantidad de veces que he llegado a ver a Las Ruinas, pero pondría la mano en el fuego a que esta fue la que más potencia tenía. Además de los temas antiguos a los que ya estamos más que acostumbrados también dejaron caer varios de su último disco 100% Maximum Heavy Pop (2016), que publicaron esa misma mañana. El público se demostró especialmente entregado con el que fue el adelanto para su séptimo trabajo, ‘Necesito Saber’ -de hecho fue entonces cuando vislumbré al chico que antes me había preguntado angustiado si llegaba tarde y, al verme él a mí también, dibujó la sonrisa de más sincera felicidad que vi en toda la noche antes de volver a los saltos y codazos-. Me dejó especialmente asombrada el cierre de ‘Te Hace Falta Color’ viendo cómo Toni, Edu y Jaime se miraban mutuamente en busca de la precisión que, desde luego, terminaron por lograr. Terminaron con ‘Ovni’, por supuesto, y tras un breve agradecimiento al público y a los técnicos ellos se retiraron del escenario y el resto nos decantamos por digerir el concierto al fresco de la Barcelona nocturna.

Es un enorme placer poder atestiguar eventos como este Concierto Pop de la mano de los (para mí) recién descubiertos Guay!, el maravilloso LP Muévete (2016) que trajeron Pacífico bajo el brazo y Las Ruinas, que justo cuando parece que no pueden superarse van y lo consiguen. Y sí, como rezaba el cartel de Jessica Boston, “qué asco de vida”, pero sería peor sin la gente que hace la música posible.

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