Carlos Sadness y su seductor acústico


En acústico y con un componente menos del grupo, Carlos Sadness estaba decidido a eclipsarnos con las letras del último trabajo Ciencias celestes. El cantante barcelonés mostraba una amplia sonrisa y gesto desenfadado, se notaban las ganas de dar este concierto tan especial.


No habían pasado ni cinco meses desde su última visita a la capital, cuando si darnos cuenta, estábamos de nuevo enfrente de él viendo como nos cantaba .’Fue tan importante’ una de las primeras canciones del repertorio, ‘El día que hacía más viento que nunca’ o ‘Se fue’ (sin la colaboración de Bebe) ganaron en este formato que traían por primera vez aquí.

El artista se mostró muy cercano y comunicativo con el público, e hizo que entre anécdotas y sucesos de sus viajes, que se desarrollasen las canciones como si formasen parte de la narración. Nos encontramos con versiones mucho más íntimas de ‘Canción fronteriza’, ‘El cazador y la serpiente’ y ‘Minuto en la lluvia’ donde hubo un notable bajón,  que fue contrarrestado con la sensual y erótica ‘Mátame ya’. Quedaba poco para cerrar este primer bloque y el señor Sadness pidió la ayuda de Alberto (cantante de Miss Caffeina) en el escenario, para entonar acompañado ‘Celeste’. Gracias a ello volvieron las risas y la energía del principio. Por último ‘Siempre esperándote’ la favorita de Carlos en el escenario, dio paso al descanso.

La segunda parte del concierto fue mágica. Todo el lugar se quedó en silencio para escuchar ‘Noche de reyes’ con una guitarra acústica y la voz del cantante sin depender del micro. Estaba inquieto, se movía de un lado para otro queriendo que hasta la última persona del fondo, se enterase de su triste historia. A continuación, nos presentaron algo nuevo llamado ‘Palmeras’ (andaba en la misma línea de siempre), ‘Amores flacos’ una de las más divertidas en directo junto con ‘Au revoir’ donde Carlos reclamaba rubias para suplantar a Zahara y hacer los agudos y ‘Hoy es el día’, que terminó con el espectáculo. Fue una de las pocas que hizo moverse y cantar al estático público, que no sé si por las horas o por el aura especial de estos chicos, no estuvo demasiado participativo. Yo al menos me dejé la voz y pagaría todas las noches por tener conciertos así.

Texto y fotos: Ira Carreira

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