Ángel Stanich estrena "Una Temporada En El Infierno"

Ángel Stanich saca la artillería fina en un nuevo adelanto que incide en su ingenio subversivo. "Una Temporada En El Infierno", segunda andanada en el regreso del ermitaño del pop.

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Hace nada, nuestro escurridizo ermitaño rompía un silencio de casi 3 años para seducirnos con esa delicatessen titulada "El Volver" como primera muestra de actividad en su anhelado regreso. Ahora, Ángel Stanich nos desvela el reverso. Su rúbrica más ígnea o, mejor, volcánica. Si "El Volver" era la golosina preliminar, "Una Temporada En El Infierno" es la bomba decisiva. Si "El Volver" sonaba íntima y cuasi confesional, esto es un himno cáustico a toda mecha, desde el retrovisor de un año de perspectiva confinada.

Un riff demoledor te induce desde ya en un vértigo implacable de ritmo y ráfagas dadaístas, salpicadas de guiños culturales y citas literarias: de la ira precoz de Rimbaud a la flema de Malcolm Lowry, entre flashes de titulares, de situaciones que han ido sucediéndose a lo largo de esta época de tempestad. Más televisiva, en esta ocasión, que cinematográfica… ¡Stanich en estado puro!

"Una Temporada En El Infierno" es el segundo adelanto de este regreso de Ángel Stanich, y uno de los cinco temas que conforman Una Visión Global Bastante Aproximada, inminente EP (Vinilo 10”, edición limitada) que se edita el 18 de junio, sirviendo de piscolabis para un no muy lejano tercer LP del curioso cántabro.

Ese viejo mantra de canalizar la ira tiene muchos afluentes. Es un yermo arroyo por el que sólo transita nuestra mala sangre. Claro que hay salidas para la cólera más airosas, más fértiles, más sanas... Pero todas pasan por un amplio conocimiento personal. ¡Y qué miedo nos tenemos!

No todos somos genios precoces como Rimbaud. La mayoría no merecemos la más mínima atención por nuestros exabruptos y manifestaciones recurrentes. La indignación es un derecho, como comer, como vivir, como aprender, como habitar. Mas muchas veces, y aunque duela reconocerlo, no es más que el baremo de nuestra estupidez. No hay que perder de vista que se indigna igual el facultado, el conocedor o verdaderamente damnificado, que el completo ignorante.

Sofocar el fuego interior puede ser un ingenuo riachuelo abrasado. Hay quien sólo desea pasar su inminente crisis de los 50 rodeado de estudiantes de derecho. Simplemente necesitan revivir el ayer; recobrar de algún modo su mocedad en un Delorean cañí y descapotable. En ese desenfreno al pasado, terminan por usar monedas que ya no son de curso legal. La ley es una suegra importuna cuando la libertad te mira arrebatadoramente. Tu mujer es la conciencia de la que te separaste. Sólo son metáforas que no hacen daño a nadie. Como ir a misa. O echar unas cañas. Es verdad…

Somos inmensamente gilipollas.

Ángel Stanich

Gira de Ángel Stanich