Born to lose, lived to win: hasta siempre, Lemmy


La voz de Motörhead, Lemmy Kilmister, se apaga para siempre en Los Ángeles días después de su 70 cumpleaños.


28 de diciembre de 2015, otra fecha más que memorable. Ian Fraser Kilmister, o lo que es lo mismo, Lemmy, el ‘inmortal’ líder de Motörhead, cierra los ojos y dice adiós a una vida con un lema de película: sexo, drogas y rock & roll.

Un buen grupo no es el que te hace mover el pie un rato, sino el que desata tu imaginación”. Estas fueron las palabras que pronunció Lemmy, esto es lo que hacían Motörhead. Desataban la imaginación y la locura con ritmos tan potentes, eléctricos y enérgicos que hacían vibrar el cielo y el suelo en sus conciertos, acompañados por las letras de cada canción, que más que poesías son verdades como templos, que nos abren los ojos ante la realidad que vivimos, nos presentan la clase de seres que somos, y nos recuerdan que tenemos fuerza, como él, hasta que un día perdemos contra la muerte, como decía su canción ‘Killed by death’. A Lemmy le gustaba la sinceridad, por ello era el ingrediente secreto y perfecto de todos sus temas: “Aparentemente a la gente no le gusta la verdad, pero a mí sí me gusta. Me gusta porque enfada a mucha gente. Y si les muestras suficientes veces que sus argumentos son una mierda, entonces tal vez, uno de ellos dirá, ‘Oh! Espera un momento – Estaba equivocado.’ Vivo por esos momentos.

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El bajo, las botas, la rebeldía y un estilo de vida más que peculiar dieron forma a un mito que el pasado 24 de diciembre celebraba su setenta cumpleaños con una larga carrera musical a sus espaldas, empezando a pisar fuerte de forma profesional en ‘Hawkwind’ y brillando posteriormente como líder de Motörhead, la banda que creó a mediados de los 70. No tuvo una vida fácil, pero disfrutaba con lo que hacía, motivo por el que era, es y será la más auténtica y viva representación del carpe diem, como gritaba en la mítica ‘Live to win’: Live it up, it’s their time to fall / […] If you know we live to win. Él ganó. Jugó con tan solo una carta, el as de picas, y se llevó la gloria tanto en los escenarios, con decenas de álbumes que saboreaban el éxito -el último, Bad Magic, editado el pasado agosto-, como en el Rainbow, su segunda casa, un local que siempre frecuentaba y donde mataba las horas jugando a las máquinas tragaperras.

La muerte decidió comenzar la batalla con los miembros del grupo el pasado mes de noviembre al llevarse a Phil Taylor, anterior batería del grupo, y Lemmy ha tardado solo un mes en acompañarle a tocar su música a otra parte. El Jack Daniel’s que desayunaba cada mañana quizás no era una gran ayuda para su hígado, pero decidió cambiarlo por vodka con naranja para seguir siendo indestructible. Rechazaba las transfusiones de sangre porque esta era demasiado pura como para que su cuerpo la aguantase, y un cáncer fulminante que conoció dos días antes de su muerte fue el que tuvo la última palabra y decidió llevarse al hombre que coleccionaba material nazi, fumaba Marlboro y le gustaban las strippers; el mismo que con una vida desbordada de excesos le aconsejaba a su hijo que nunca se drogase, que tan solo tomase speed. Lemmy lo tenía claro:

Si no has hecho nada que haya sido malo para ti debes de tener una vida muy aburrida. ¿Qué vas a hacer? Todo lo que es placentero en la vida es peligroso.

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Tras varios conciertos cancelados en el último año por su delicada salud y a un mes de que volvieran a España a pisar los escenarios en Barcelona y Madrid, Lemmy Kilmister se apunta en la lista de mitos del rock & roll. Él, el hombre que nació para perder y vivió para ganar; el creador de un himno que jamás dejará de sonar, ‘Ace of spades‘; y el único ser que allí donde esté jamás dejará de volar con ‘Overkill’, el tema que cerraba sus directos, en aquel verso que decía: “Agita la cabeza, debes de estar muerto si no te hace volar”.

Adiós, Lemmy.

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