Bloo Mind, el pacífico viaje de John Berkhout

John Berkhout Bloo Mind Portada
Por Lionel Williams.

Bloo Mind se va deshaciendo por escuchas, capa a capa, desvelando nuevos matices cada vez. John Berkhout han arriesgado al máximo en su segundo disco, tanto que se han reinventado. Solo cabe decir que viva el I+D+i, en la música también.


John Berkhout, en realidad, no han abandonado en Bloo Mind una de sus señas de identidad: la psicodelia. Sin embargo, sí que han cambiado la vía que los llevaba a sintetizar su ácido lisérgico. Y es que esta vía es -valga la redundancia- más sintética, más electrónica. Prescinden por lo tanto del folk, pero que nadie se asuste, el resultado es si cabe, superior. Los cambios en la formación se intuyen claves en este salto. Ander Lizaso abandonó la formación, y tanto Ekain Perez como Gartxot Unsain se han repartido la composición de los temas. Siendo Perez (vocalista y guitarrista) el encargado de diseñar la parte instrumental y melódica, y Unsain las letras. El binomio ha resultado ser muy efectivo, puesto que el trabajo de ambos ha alcanzado un nivel de unión que habitualmente no se escucha ni cuando es una sola persona la que lleva adelante todo el trabajo. Unsain ha creado letras misteriosas, encaminadas hacia el color azul. Personalmente me encanta el concepto de viajar hacia un color, un azul que para la banda “simboliza la calma con uno mismo, la sensación de autocompletarse”. Todo esto sería una milonga (con perdón) si no fuera porque Perez ha realizado el mismo viaje a través de cada uno de los instrumentos (batería, bajo, sintez, guitarra y voces). El álbum podría sonar de puta madre aunque hablaran del sexo de los ángeles, pero es que además el mensaje que han pretendido transmitir no solo se entiende, sino que se siente.

Su sonido, y especialmente las voces los emparentan con Tame Impala. Esto es algo obvio, aunque no es ni mucho menos malo. Por mi parte, he de decir que me recuerdan más a los Tame Impala de los que me enamoré, que a los del último álbum. John Berkhout son psicodélicos, y ello no implica que renuncien a que su música invite al baile, ni a la introspección, ni a nada. Han sido ambiciosos, y no se han equivocado, Bloo Mind es una bomba sensorial. Más allá de Kevin Parker y compañía, los de Oiartzun demuestran un conocimiento apabullante del rock espacial, del krautrock, de la música ambiental, y de otros géneros más alejados de lo que en un principio cabe esperar de ellos, como del R&B contemporáneo y del electro pop. Son estos dos últimos ingredientes los que hacen de la música del quinteto algo bailable, con ritmos propios del hip hop y e incluso de la música dance. Las grabaciones en el Mecca Recording Studio con Mikel Eceiza debieron ser espectaculares; y el proceso de producción llevado a cabo por los hermanos Eceiza y los propios miembros del grupo, una serie de clases maestras sobre cómo mezclar y compactar tantos elementos tan variados.

Gracias a esas “exóticas” influencias, temas como ‘Izarretatik Hona’ tienen una clara vertiente bailable, una vertiente que termina por explotar en ‘Whish I Was Here’. Los que se escucha aquí es algo claramente ochentero, aunque los sintetizadores consiguen remozar y modernizar el sonido. El tema de apertura,  ‘They’ll Come For Me’, también aprovecha esos ritmos para hacernos flotar sobre la pista de baile, y además encontramos una de los pocas explosiones que John Berkhout se permiten en todo el álbum. Lo hacen a la guitarra a base de distorsión. Si bien faltan grandes estruendos, en las cuatro canciones citadas tus pies empezaran a moverse a ritmo sobre el suelo. Calan suavemente pero hondo. También aparecen obras más identificables con la psicodelia. Pasa con ‘Colours on Fire’ que pese a ser en apariencia de las más digeribles para el oyente medio, oculta tras de sí una cadencia adictiva, de esas que están encapsuladas y que no salen ni a presión. La complejidad no está en la estructura, está en saber mantener la tensión hasta el final. En ‘Valhalla’ sí que hay mayor sensación de libertad, es más espacial, más kosmische. Un single como la copa de un pino, con un estribillo hipnótico. Entre medias ‘Aerial Surface‘ hace gala de una cadencia de embrujo, que acaba desembocando en un tramo intermedio lleno de confusión, para finalizar con una jubilosa jam. En directo ha de ser uno de los temas bandera de John Berkhout por el lucimiento instrumental que permite..  Tras ella aparece un interludio muy interesante. Se trata de ‘Horus’ que sin llegar a los dos minutos condensa buena parte de lo que Bloo Mind es: confusión, baile y finalmente paz. Hay tiempo también para baladas como ‘Temporal Lobe’, para el dream pop presente en ‘Change & Choice’, y para la desgarradora ‘Now’. El tema de cierre, titulado ‘Kingdom’, es una suma de todas esas canciones que hemos venido escuchando, de todas esas historias, que conforman el difícil camino hacia el color azul. Suele pasar en psicodelia que se elige cerrar con una canción que lo condense todo, a veces con suerte, y otras sin ella. ‘Kingdom’, que dura poco más de ocho minutos tiene tiempo suficiente para hacer un buen repaso a Bloo Mind. Un buen repaso que se inicia con una base hip hopera a la que se le irán sumando capas e intervalos en los que la guitarra tomará el protagonismo junto a los sempiternos sintes. Escuchando el final, parece que el viaje tiene buen final, y que la paz es alcanzada. Objetivo cumplido.

Bloo Mind es una propuesta muy interesante en un género que desgraciadamente en la península aún no hemos cultivado lo suficiente. Sin embargo John Berkhout han demostrado una seguridad en sí mismos apabullante, habiendo sido capaces de elaborar un sonido complejo en su concepción, pero de fácil asimilación para el oyente. Del mismo modo, la narrativa de Bloo Mind no tiene grietas, y siguiendo el tracklist podemos acompañar en el viaje a Ekain Perez, Gartxot Unsain, Eneko Lusar, Mikel Alonso e Iñigo Goñi sintiéndonos uno más en el camino. Estamos ante uno de los trabajos más cuidados de 2016, y prueba de ello es también en la parte gráfica, donde Lionel Williams ha ilustrado perfectamente lo que escuchamos a través de un Bloo Mind, esa especie de tranquilo caos. La psicodelia tiene un nuevo templo, está en Oiartzun, Gipuzkoa, y sus predicadores responden al nombre de John Berkhout.

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