Bettie Page, Sex Pistols y Lucifer Sam

Bettie Page

¿Queda espacio para innovar en la música? La pregunta, más repetida que la que indaga acerca de la burbuja festivalera y su posible explosión, vuelve a surgir tras una canción de PiL titulada ‘Bettie Page’, cuya línea de guitarra es calcada a la de ‘Lucifer Sam’ de Pink Floyd.


“Odio a Pink Floyd”, así de duro, se mostraba Johnny Rotten cuando le hablaban del grupo de rock más exitoso de la historia del rock -vendieron y siguen vendiendo más copias del Dark Side of the Moon, del Wish You Where Here y del The Wall, que Mercadona productos Hacendado- en su corta corta pero esplendorosa etapa con los Sex Pistols. El paso de los años, y el continuo flujo de ingresos hacia la cuenta de Rotten, que desde que dejó el punk se hace llamar por su apellido, Lydon, han hecho que la vieja gloria cambie de opinión, tanto, que en su momento incluso quiso grabar una versión del Dark Side of the Moon. Pero el cambio de postura no paró aquí, sino que también reconoció amaba la etapa en la que lideraba la banda Syd Barrett, que creció con esa música. También sabemos que Malcolm McLaren, manager de los Sex Pistols trató de lograr que Barrett produjera el legendario Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols. Por terminar de encuadrar el contexto histórico, el punk surgió como respuesta a la situación política de la época, y también como contestación a los hippies, a los que acusaban de ser muy blandos y demasiado místicos. El movimiento punk, fue la nueva contracultura, aquel movimiento con el mismo apelativo que nació en los sesenta, ahora se había convertido en la cultura dominante. Los punks, en su mayoría, habían crecido en situaciones complicadas o con perspectivas poco prometedoras, en una sociedad decadente, mientras que sus antecesores fueron madurando en una feliz posguerra. El punk, como movimiento musical, buscó un cambio, una vuelta a los orígenes del rock, pero con un componente de rabia y de simpleza nunca vistos. El género era denuncia sí, pero desde la destrucción y con altas dosis de odio, algo que no se había oído anteriormente con tanta claridad. El punk innovó aupándose sobre los hombros del garage de la década anterior, pero con nuevos ingredientes.

Todo esto, convenientemente enlazado, es una historia ya sabida, no estoy descubriendo nada. Sin embargo, a toda esta barahúnda, de la que ya hablé en su momento desde otro prisma, se le une un nuevo componente: ‘Bettie Page‘. ‘Bettie Page’, además de ser una icónica modelo estadounidense, es una canción de PiL, la banda con la que Lydon, antiguo líder de los Pistols, viene actuando desde que el mítico grupo se disolviera. Los PiL, que han girado por todo el planeta subiéndose a escenarios de renombre, se encuadraron dentro del movimiento post-punk, siendo una banda con una influencia notable en éste. En septiembre del pasado 2015 sacaron el álbum que contenía a ‘Bettie Page’, que además fue elegida también para formar parte del maxisingle Double Trouble. Resulta que la línea de guitarra de la canción de PiL, probablemente lo más destacable de la grabación, es la misma que Syd Barrett creó para ‘Lucifer Sam‘ en 1967, contenido dentro del The Piper at the Gates of Dawn. Pese a que esté a punto de cumplir medio siglo, ‘Lucifer Sam’ nunca ha caído en el olvido, entre otras bandas han versionado el tema: The Flaming Lips, The Sadies, MGMT o Unknown Mortal Orchestra. PiL no ha comentado nada al respecto, y parece que nadie les ha preguntado desde que su álbum What The World Needs Now… fuese lanzado. Sorprende además, que cuando presentaron ‘Bettie Page’, en declaraciones a Rolling Stone, Lydon describiera la canción de esta forma, incluida una mención a la línea de guitarra:

Lydon told Rolling Stone this year that the tune began with a “crazy little pattern” guitarist Lu Edmonds had come up with. “He was just strumming on his acoustic guitar, and I was going, ‘Bettie Page, Bettie Page,'” Lydon says, adding some staccato punch to the model’s name.

Un patrón pequeño y alocado, que surgió mientras rasgueaba su guitarra acústica. Así, cincuenta años después, ‘Lucifer Sam’ se reencarnaba en ‘Bettie Page’. Creerse o no esta explicación, es una cuestión de fe, Lydon siempre ha sido un rebelde, y con PiL más que con los Sex Pistols. Lo mismo podemos estar ante un plagio intencionado y alevoso; como ante un plagio con alma de homenaje; o ante nada de lo anterior, pudiendo simplemente haber surgido así, de casualidad. Las tres opciones son válidas, y solo Lu Edmonds y Johny Lydon saben la respuesta correcta.

Poniéndome en modo bien pensado, y eligiendo la tercera opción, la cuestión no me lleva a otra cosa que a plantearme si toda la música está ya inventada. En otros artes, como en el de la literatura, siempre he creído (y sigo creyendo), que todo lo que tenía que ser contado, en esencia, lo ha sido ya. Pero también creo que las circunstancias generales -medios y conocimientos sobre lo ya creado- van cambiando de forma inexorable, además de que después, cada ser humano es único, hecho que da lugar a situaciones únicas, y probablemente irrepetibles para otros hombres y mujeres. El que estas situaciones den para innovar o no, es harina de otro costal. Algunas sí, otras no, con el agravante de que si encima la situación es de las segundas y te lanzas sobre ella, quedarás como un auténtico patán al “copiar” mal algo ya hecho. Esta reflexión tiene mucho de filosofía, y parte de ideas que posiblemente no todos compartamos, pero no hay otra manera de acercarse al fenómeno. En el terreno de la música, mi opinión es similar. Poniendo ejemplos extremos, tanto temáticos como temporales, podemos llegar a la misma conclusión. Es evidente que lo que hizo Mozart poco tiene que ver con lo que hace Kendrick Lamar, y sin embargo ambos hacen música y son considerados genios en lo suyo, a. Mozart partió entre otros, de Joseph Haydn, Bach y Haendel, para acabar siendo único. Si vamos un poco más allá, vemos que Ludwig van Beethoven, aprovechó el trabajo de Mozart para mostrar su genio. Kendrick Lamar tiene a 2pac, Nas o Notorious B.I.G como referentes, pero su trabajo también está siendo único. No quiero hacer trampas, no deja de ser verdad que habrá que comparar la imagen de Kendrick Lamar dentro de dos siglos, con respecto a la que tenemos actualmente del genio de Salzburgo, pero entiendo que la teórica de la acción comunicativa de Habermas valida moralmente mi intento de explicación, y lo exime de cualquier tentativa de engaño. Si el ejemplo les resulta demasiado chocante, sustituyan a Lamar por The Beatles o Radiohead. Volviendo al origen del caso, Sex Pistols bebieron de Alice Cooper, Iggy Pop y por supuesto de The Stooges. Las pruebas parecen probar que sí, que ya sea con siglos de distancia, o con décadas, es posible hacer música nueva, fruto de nuevas situaciones, nuevos instrumentos y nuevas circunstancias. Incluso aunque el cuore de la obra sea el mismo.

¿Es ‘Bettie Page’ un plagio de ‘Lucifer Sam’? Probablemente sí. O quizás el sistema esté demandando tanta música, que los autores ya no tienen tiempo para pensar en lo que hacen, ni en cómo lo hacen. Al fin y al cabo, lo importante es sacar disco nuevo, girar y repartir ganancias. Exigencias a las que se someten los artistas porque no les queda otra, viven de ello, o al menos esa es su aspiración. El Johny Lydon de 1978 probablemente llegó a esa conclusión, al igual que el Syd Barrett de principios de los 70. Parece que esa línea de guitarra no es lo único que une a ambos mitos.

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