Aurora conquista el corazón de Madrid

Aurora - Fotografía Eva Sanabria
Aurora - Fotografía Eva Sanabria
Aurora - Fotografía Eva Sanabria
Aurora – Fotografía Eva Sanabria

Aurora impresionó al público asistente a su concierto en la Sala Clamores de Madrid. El directo de Sílice se mostró como único y difícilmente igualable en la escena nacional.


Eran poco menos de las diez de la noche, y todos estábamos en nuestros asientos, expectantes. Camarero arriba, camarero abajo, las cervezas Alhambra iban tomando también su lugar en las mesas que ocupaban las primeras filas. Se mascaba cierta incertidumbre en el ambiente, Sílice era algo tan nuevo, con un concepto tan preciso, que nadie sabía cómo iban a salir los Aurora de aquel atolladero. Puedes evolucionar tu sonido, puedes acompañarlo de iniciativas que hagan que la propuesta sea más redonda, pero si no evolucionas tú, si no estás dispuesto a cambiar tus formas sobre el escenario por muy buenas que fueran anteriormente, difícilmente podrás cerrar el círculo de tu nuevo espectáculo.

El concierto no tardó en comenzar, y Aurora comenzó a deslizar su música, misteriosa y atractiva, como si de unos encantadores de serpientes se trataran. No hay duda de que al ser humano le atrae lo desconocido, y el nuevo álbum de los granadinos es todavía un extraterrestre sobre los escenarios. Sin embargo, los presentes, pronto fuimos conscientes de que Sílice no era de otro planeta, era humano, reconocible pese a sus mil caras, y lo más importante: extraordinario.

Empezaron tranquilos, serenos, como el que maneja la situación sin que ninguna variable pueda escaparse a su control. ‘Jardín Botánico’ que es el cierre de Sílice se mostró como una introducción al nuevo sonido perfecta. Flotaba la paz en el ambiente, el público rápidamente se vio elevado hacia las nubes guiado por la voz de Javier Bolívar, que literalmente nos “buscaría un sitio mejor. Aguas más tranquilas”. La primera prueba de fuego había sido superada, el cuarteto, en su cuarto directo con Sílice, había roto el hielo, había deslizado su atractivo hacia los que contemplábamos la majestuosidad de su sonido. El setlist buscaba algo de continuismo en el sonido, siempre ascendente, pero siempre confortable, sin que sufriéramos sobresalto alguno. ‘Arena en los ojos’ siguió esa senda, y ya con ‘Algo tan sólido’ escalamos hacia esa montaña que forman las líneas de guitarra de Aurora. Sin embargo, en el paraíso también hay problemas, y la ausencia del teclado mágico (a lo Ray Manzarek) que tienen ‘Arena en los ojos’ y ‘Nuevos Medios’ nos descolocaron un poco. Nada grave, nada que el grupo no supiera solucionar al momento. “Concéntrate en comunicar” cantan en ‘Nuevos Medios’, y eso hicieron, superando un pequeño imprevisto que más que en una anécdota negativa, se quedó en un ejemplo de cómo superar un contratiempo en segundos.

De nuevo, la guitarra tomó la iniciativa, y Javier Bolívar se erigió como un coloso en ‘Texcoco’ mientras Julio lo acompañaba a los coros y guitarra. ‘Texcoco’ es especial, tiene magia, una magia que en el directo queda potenciada. Deja tras cada nota una niebla que te envuelve, que te atrapa y que te acaba haciendo pensar: “solo quieren, lo que tienes”, y nosotros queríamos más canciones del ellos. Tras un receso sobre Géminis, llegó ‘Badlands’ uno de los temas más aclamados del álbum, que hizo aparición brillando como un cisne, pisando tierra firme, dejando claro que lo único evidente en Sílice es el misterio, sin que aún nadie sepa qué es cada canción. O mejor dicho, que cada uno tengamos nuestros propios sentimientos e ideas acerca de ellas.

No hemos comentado hasta ahora el single, y no, no hablamos de ‘Voces’, que es algo más que eso. ‘Tuk Tuk’ tuvo su momento estelar también en la Sala Clamores. Con su videoclip recientemente estrenado, todos nos pusimos a buscar sombra en la claridad, a resguardarnos de esas ondas sonoras que inevitablemente invadían nuestros sentidos y hacían que miráramos al escenario embelesados cual adolescentes enamorados. Seguimos hablando de canciones de categoría especial, de verdaderos himnos, y ‘Transparente’, estrella de Géminis es exactamente esto. La presentación de Aurora nos dejó titubeantes, dijeron que habían hecho cambios. ¿Pero cómo vas a cambiar tu mejor canción del anterior disco? ¿A quién se le puede ocurrir hacer eso? Queríamos tararear a grito pelado el solo de guitarra tras la estrofa de “hazme transparente, solo una vez más”, no queríamos otra cosa. ‘Transparente’ empezó a sonar, irreconocible de inicio, pero arrolladora. Aquello mantenía la magia, el toque, solo que Aurora, en un derroche de talento, había sido capaz de adaptar el éxito de su anterior álbum, al estilo de Sílice. Ahora ‘Transparente’ no es un monstruo sonoro, es la Hidra de Lerna, a la que tras perder su cabeza, le crecieron dos, diferentesm pero igual de buenas. Lo que en un principio sonaba a posible desastre se acabó convirtiendo en un éxito. Y por fin, y sin desmerecer al resto de temas, llegó ‘Voces’. Tiene ‘Voces’ una virtud más acervada que sus canciones compañeras en Sílice. Todas ellas ganan con las escuchas, pero ‘Voces’ queda asimilada a la primera escucha. En directo, pese a un nuevo pequeño contratiempo del que creo que pocos fuimos conscientes, ‘Voces’ voló majestuosa, como Ethon, el águila que comió de Prometeo, nos fue devorando los sentidos uno a uno, hasta acabar con nosotros. Tiene la melodía, tiene la letra, y tiene una presentación en directo perfecta. ‘Voces’ por si quedaban dudas, será una canción que entrará en las listas de mejores temas a final de año.

Y con ‘Voces’ acabó la noche. Pese a la petición de más temas, Aurora ya había representado Sílice en Madrid e incluso había hecho una incursión en Géminis. Los granadinos se habían hecho grandes en un escenario mítico, el de la Clamores, una sala famosa por el jazz, un estilo musical con mayúsculas. Este concierto de Sílice, tan solo suponía el cuarto de la banda, pero muestra a la perfección sus capacidades, su margen de mejora, su talento para crear conceptos y transmitirlos. La aparición de nuevos instrumentos, el reparto de estos entre los miembros del grupo, incluso los cambios en la formación de la banda, han hecho de Aurora algo más grande.

Si Sílice suena bien en tus altavoces o auriculares, en directo es arrollador. Te rodea, te atrapa, te maniata y finalmente te deja con una sensación de felicidad que no se sabe muy bien de dónde viene. Bueno, sí que se sabe, viene de su sonido. Querrás repetir.

Fotografía por Eva Sanabria:
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