ARTFest: La crónica


Allá donde expira Galicia. Donde se mezcla el agua dulce con la salada. Donde se camina entre dos husos horarios. Entre comer xamón o presunto. Allá, en el extremo sur de Galicia, en la localidad pontevedresa de A Guarda. Lugar apreciado por los celtas, hoy por los amantes de la música.


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A Guarda presenta por segundo año consecutivo el ArtFest, una iniciativa por la música emergente del panorama nacional y local. El festival se convierte, por un día, en el altavoz de esta pequeña villa, apto para todos los gustos, desde el rock más duro al indie romántico.

18:00h. Cielo azul. Pulseras rojas y Estrella Galicia a dos euros la caña. Pantalones cortos, camisas de flores y gafas de sol. Con los vasos entre las piernas, sentados en la hierba. Charlan, ríen, se sacan fotos. La brisa atenúa el calor y mueve las cabelleras al ritmo de la música. Suenan los acordes de las guitarras que prueban. Se pasean por el escenario, encontrando el tono perfecto. Los técnicos también se pasean, con el cigarro encendido entre los labios.

Y entonces, hay que darse prisa. El reloj va demasiado rápido, y aunque el público está tranquilo, la organización no. Pruebas de Varry Brava y Fonseca, se colocan los instrumentos, se mueven, se vuelven a mover. Mientras, el sol y la temperatura han ido bajando y los estómagos piden bocadillos a tres euros, o perritos a 1.5, para los menos hambrientos.

A las 20:45 se comunica un cambio en el orden de grupos, y tras disculparse por el retraso de casi tres horas, se da por comenzada la verdadera jornada artfestivalera.

Santos Morcegos!!! toma las guitarras con ganas. El grupo, natural de A Guarda, está en tierras conocidas. Presentan temas de todos sus trabajos de estudio, y al pasar media hora, el guitarrista explica que su concierto se tiene que acabar ya.

¡Solo nos dejan tocar una…! Pero vosotros decidís, que vosotros fuisteis los que pagasteis. ¿Dos? ¿Dos? Pues dos.

Se manifiesta así el descontento de la banda con la organización y el guitarrista explica que a pesar de esperar horas por las pruebas de sonido, nunca las hicieron. También cuenta que es la última actuación de dos de los integrantes, y el público aplaude. Los morcegos son vecinos, y el ArtFest se ha portado mal con sus vecinos. Pero el público alivia la tensión con sus aplausos y demuestra que hoy solo toca pasárselo bien.

Son las 21:30 y el escenario vibra entre colorines. Son Varry Brava y sus camisas vintage con aires ochenteros. El grupo se formó en el año 2009 en Murcia y este próximo mes de septiembre presentan su nuevo disco “Arriva”. Su apuesta conjuga indie, música disco y música de los 80, además de un vestuario extravagante y mucha buena onda. El público baila, no sabe muy bien cómo, pero baila con las cervezas y los cigarrillos en alto.

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Poco a poco anochece entre canciones con aire francés, como ‘Oh, Oui Oui’, adelanto de su próximo trabajo, y otras ya conocidas como ‘No te conozco’. Varry Brava se despide y el público se queda bailando con el Dj del ArtFest.

10:45. La gran bola blanca que cuelga en el escenario se llena de imágenes. ¿Quién es su dueño? David Fonseca, el solista, el portugués, el elegante. Su música, a caballo entre el pop y el rock, invita a saltar y a canturrear letras en inglés. Tras la disolución de Silence 4 en 2002, David ha presentado ocho discos en solitario. Sorprende al público cuando saca un teléfono antiguo en escena y comienza a sonar un remix de la conocida ‘Video Killed The Radio Star’. Y sorprende más cuando ese teléfono funciona como micrófono. Se despide dejando un sabor de boca agradable, en este ambiente ya totalmente entregado a la música.

Llega la medianoche y “ha comenzado la cuenta atrás”. Alguien se despide: uno de los grupos más esperados de la noche. Izal. Izal es joven, nació a finales de 2010. Formado por cinco chicos con largas trayectorias individuales, han conseguido que su música traspase las fronteras españolas. Esta gira estival aparcará en Londres para seguir trabajando en un nuevo disco.

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Su indie invade por completo el escenario, y el público corea las letras acompañando a Mikel, el altísimo vocalista. Suenan canciones de su último disco Agujeros de gusano y del anterior Magia y efectos especiales. Mikel cambia la guitarra por un ukelele y el ukelele se convierte en el protagonista. Izal afina las guitarras sin parar, y Mikel, gracioso, comenta que “por aquí de humedad bien, ¿no?”. La bruma del océano comienza a cerrarse alrededor del escenario, como si no hubiese otro mundo más allá de este recinto. Pero nadie se da cuenta, el público sigue bailando y cantando. El grupo se despide con tonos verdes de la canción ‘La mujer de verde’, cambiando la típica recta final protagonizada por sus epílogos.

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El tiempo pasa muy rápido cuando la dicha es buena, y llegan las 2:30 cuando Izal le da el relevo a Dorian. Desde Barcelona y desde el 2004, con varios discos a sus espaldas y temas que fueron bandas sonoras de taquilleras películas. Mezcla el indie con la electrónica, y le echa mucha personalidad por encima. Marc, el vocalista, llega al micrófono con una gabardina y un sombrero negros, y parece pequeñito, indefenso. Sin embargo, es todo mentira. Comienza a moverse por el escenario, se quita la gabardina, se quita el sombrero, anima al público, baja del escenario, se sube a los altavoces, guitarrea. Lo único que tiene de niño es las ganas de pasárselo bien. Desde la pista los artfestivaleros cantan y se mueven, pero parece que prefieren que cante él. Dorian repasa sus canciones más conocidas, como ‘La tormenta de arena’ o ‘A cualquier otra parte’. Homenajea a los porteños Soda Stereo en uno de sus temas más recientes, y canta del mezcal y del DF. Y será casualidad, pero este año ha tocado en Buenos Aires y en varias ciudades de México. Ha cruzado el océano con ganas, pero siempre vuelve. Y aquí, en A Guarda, se le quiere.

Dorian se despide pasadas las cuatro de la mañana, y el escenario comienza a chillar rock. The pretty shirts entra rompiéndolo todo. Ellos tocaban tras Santos Morcegos!!!, pero la organización decidió reubicarlos de madrugada.

Tras hacer vibrar al público con su primer tema, el vocalista, también vecino de A Guarda, deja una nota de queja:

Nosotros somos los comebostas, no nos importan ni horas, ni pruebas de sonido, ni el puto indie, ¡que está muerto!

Pero tras la nota, a pasárselo en grande. De un extremo al otro del escenario, saltos, el micrófono al aire, más saltos, y sudor de disfrutar a la hora que sea.

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Tras The Pretty Shirts, es hora de música electrónica, y de que Eme DJ y Traffic House hagan que el público deje de saltar para mover sus articulaciones al ritmo que ellos marquen. La bruma ha secuestrado por completo el escenario, pero ¡a quién le importa!

El ArtFest, en esta segunda edición, ha demostrado cómo se nada a contracorriente. A pesar de los problemas de horarios y de las largas pruebas de sonido, los de A Guarda lograron que la música y la diversión fuesen las únicas protagonistas, y que el pueblo vibrase al son del Art.

Texto: Xiana Cid

Fotos: Gabriel Rodríguez Calvo

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