Angel Olsen: el triunfo de la valentía

Angel Olsen My Woman
Angel Olsen My Woman

My Woman, tercer disco de la estadounidense, en apenas un mes de vida, se ha convertido en una de las joyas de la corona de 2016.


Empezaré por el final con este disco de Angel Olsen.  No por restar tensión a la crítica, ni por juguetear con técnicas narrativas disruptivas. Tampoco por ahorrarme tiempo o dedicarme al spoiler gratuito. My Woman, editado por jagjaguawar, es un discazo. A estas alturas del año, casi puedo decir, que mi favorito del curso. Y lo digo así, sin más, porque no me puedo aguantar.

El salto al vacío de Olsen en su tercer disco (tras Half Way Home, 2012, y Burn Your Fire For No Witness, 2014) ha tenido premio gordo. La artista de St. Louis  ha dejado su corazón a la intemperie y se ha lanzado a tumba abierta, sin tapujos ni escondites, mostrándose a sí misma de forma cruda, valiente, y en muchos casos, desgarradora.

Sin olvidarse de su reciente pasado folk rock y quizás – pese a sus notables dos primeros largos y magnetismo personal –  de ese invariable registro, Angel Olsen ha hecho de la polarización de estilos un medio instrumental para realizar un disco soberbio, introspectivo y necesario. Un trabajo total, en el que no solo compone e interpreta, sino que toma todas las decisiones en el proceso creativo, producción incluida.

El disco nos muestra, sin concesiones banales, un camino hacia dentro de la artista, donde la belleza se aleja, por momentos, de la dulzura y se agarra a la verdad más salvaje; no solo la del  amor y el desamor, sino la del descubrimiento, la experiencia y el desafío de mirarte al espejo sin dioptrías. Todo un ejercicio de sincera valentía. El paso definitivo a convertirse en una gran mujer, y así, sin excesos ególatras, dedicarse a ella misma este trabajo.


El paso adelante de Angel Olsen reside, con respecto a sus trabajos anteriores,  en la heterogeneidad de registros y en un ejercicio valiente de introspección y sinceridad. El resultado es este disco de belleza cruda, salvaje, y por momentos, desgarradora.


La diversidad melódica de My Woman la saboreamos desde su arranque épico con ‘Intern’, donde sintetizadores incluidos, nos señala el camino a seguir –lleno de recovecos  líricos y sonoros- ; pasando por el rock sesentero de ‘Never Be Mine’, dulce y pluscuamperfecto;  o el hit eléctrico, pegadizo y energético ‘Shut Up Kiss Me’, para cargar las pilas.

Podemos pasar de la cruda, emocionante y melancólica ‘Give it Up’ a la progresiva y sorprendente ‘Not Gonna Kill You’, con final apoteósico instrumental incluido.

Quizás suponga  un punto de inflexión  el último tema de la cara A del disco, ‘Heard Shaped Face’, a partir de donde, salvo ciertos destellos de guitarra, la verdad salvaje pasa a revelarse, de la electricidad y la contundencia, a la sutileza y el sosiego de unos registros menos tensos. Con ‘Sister’ O ‘Woman’ (otro hit monumental, cimiento y esencia del disco), vuelve la Olsen de ‘Unfucktheworld’.  Hasta finalizar,  arropada por su piano, con la increíble ‘Pops’. Y la dulzura. Y el sueño de una MUJER -con mayúsculas- que se hace realidad, con esta jodida maravilla de disco.

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