Agoraphobia toman Madrid

Agoraphobia Madrid Sala Barracudas

Agoraphobia conquistaron Madrid tras un genial concierto que bien vale un viaje de vuelta a la capital de España. No importó que la sala Barracudas estuviese fuera del meollo musical madrileño, Agoraphobia fueron capaces de inundar de cultura la zona de Las Ventas a base de rock.


Los descubrimientos casuales son los mejores, sobre todo si los artistas todavía está dando sus primeros pasos. Así me pasó con Agoraphobia hace año y medio, y desde entonces las gallegas no han parado de crecer. De acuerdo en que uno no gana un premio como el de “Vodafone yu Music” sin tener talento, y en que tampoco te vas al SXSW dos años consecutivos sin un sonido sólido detrás que sirva de apoyo, pero es que además hay que tener el hambre necesaria como para no estancarse, para buscar siempre nuevas metas. La banda gallega tiene todas estas virtudes y alguna más. Desde aquella primera vez que las vi en el Monkey Week, han perfeccionado su música tanto en el estudio, como sobre los  escenarios, y eso que aprobaban con nota en ambas asignaturas. Hace unos meses las vi de nuevo en El Puerto de Santa María, y eran aún mejores de lo que recordaba. Ahora, las he vuelto a ver en Madrid, y… Mejores, sí.

Uno sabe que está disfrutando con un directo cuando el baile y las sonrisas se van alternando de forma mecánica. Probablemente no haya mayores indicadores de la alegría que estos dos gestos intrínsecos al ser humano que tanto repetí en la sala Barracudas. El inicio del concierto fue demoledor, Agoraphobia no quisieron hacer prisioneros y comenzaron con su último single: ‘Shake’. La puesta de largo no pudo ser más efectiva, y los asistentes empezamos a entrar en trance. Porque hay algo de mágico en sus actuaciones, un hecho que quizás sea inherente a su procedencia. Susana, la vocalista, se mueve entre ademanes chamánicos, que pueden llegar a resultar incluso torpes a ojos del espectador, una impresión que queda descartada cuando uno escucha su potente voz: está todo controlado, es puro jimmorrisonismo. Pero ya lo comenté en la reseña del Ready to Play, este grupo es ante todo un equipo, y pese a que Susana impresione de primeras, uno no puede no acabar alucinando con el resto de sus compañeras. Aislinn y Sabela -la puta ama- construyen líneas de guitarra certeras y dinámicas, liberando a la vocalista de todo aquello que no sea cantar; Lucía no se queda al margen con su bajo, sino que se atreve con números solistas; y Paula lidera la sección rítmica desde la batería, además de ponerle un poco de salero al directo. Al final queda una especie de quinteto ideal musical, que arrasa con todo a su paso. Los arrasados fuimos un público que bailamos, sudamos, e incluso bebimos Mahou y nos supo a gloria.

Agoraphobia Madrid Sala Barracudas

Uno se contagia cuando ve cómo un grupo lo da todo, y en Madrid, Agoraphobia dieron todo lo que llevaban dentro, repasando su Dirty Little Things, y por supuesto presentado su último trabajo, el conciso y potente Ready to Play, que a estas alturas no había sonado por aquellos lares. No se conformaron con esto, se permitieron además tocar algún tema nuevo, quedando un setlist sorprendentemente -para bien- largo: dieciséis temas. Entre las canciones nuevas destacó sobre todo aquella en la que Aislinn se sumó como vocalista a Susana, resultando un juego de voces provocador y placentero, que podría explicarse como si del famoso contraste entre el frío y el calor se tratara. Con los temas inéditos pasó algo curioso: la gente actuó con ellos con la misma alegría que con los conocidos, algo pocas veces visto. Los del primer EP también han sufrido una evolución positiva -paralela a la comentada en el primer párrafo- pasando de ser muy buenos a excelentes. Y no, no exagero. El rock de Agoraphobia no es que no envejezca, es que rejuvenece y crece con el paso del tiempo. Otros músicos de similar estilo y trayectoria temporal han decaído sin llegar a alcanzar la madurez, pero la mayor complejidad sonora de las gallegas resulta ser una carta ganadora, un verdadero as en la manga. ‘Phrases for pulling’ y ‘Pat Garrett & Billy the kid’ suenan cada vez más redondas, una redondez con la que ya cuentan desde la grabación ‘Melvin (the toxic avenger)’, ‘Moonstruck’ -que en directo es más profunda si cabe- y ‘City of Alexandria’, la encargada de cerrar los conciertos por todo lo alto. Pero hay un contrapunto agridulce en todo esto, acabé sufriendo el ansia de querer escuchar ya esas nuevas composiciones -sumadas a las ya conocidas- desde casa. Maldito veneno.

El tanteo final de la actuación fue una suma de fuerza, de talento, de virtuosismo, y de delicadeza técnica (que Aislinn solo rompiera una cuerda metiendo tanta tralla solo puede explicarse así). El público, que también tenía la adictiva pócima musical de Agoraphobia corriendo por las venas, encontró un antídoto barato comprando animosamente los dos discos que hasta ahora han sacado y alguna que otra camiseta. Yo, que no pude quitarme el mono comprando -ya tengo ambos epés e iba bien abrigado- me uní resignado a la cuestión que formularon desde la cuenta de Twitter de Proyecto Waikiki:

¿Por qué coño no son más conocidas Agoraphobia?

Esta es la última incógnita que queda por resolver con respecto al quinteto de Boiro. Eso sí, nada de dramas, el tiempo y las canciones juegan a su favor. Esto tiene que explotar por algún lado, y cuando lo haga, el mundo de la música será un poco más justo.

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